
Moni de rojo al al lado de Analía (de pie), Estela entre Juli y Fede, después Lucas y Delfi en totem, Cristina de bufanda y Laura hincada cual futbolista, con ustedes, La Banda de Mercedes en las Salinas Grandes (foto: Lucas Riselli)
Llegó el esperado día y tan ansiosos estábamos que nos quedamos dormidos. Caminamos de un tirón hasta la terminal y alcanzamos justo el colectivo que iba a Tilcara. De ahí tomamos taxi hasta Maimará y nos instalamos más cómodos que nunca en este viaje en "La Casa del Tata". Por primera vez en 5 meses veíamos un bidet y los shampo de cortesía hacían que dejemos de bañarnos con el "Cif lavavajillas concentrado" que veníamos usando hace un mes. Ya era mediodía y el apuro nos había dejado sin desayuno así que, en 30´, liquidamos el pan con Dulciora (estábamos empalagados de tanto dulce de leche) y una docena de empanadas (Juli por fin consiguió las de queso que tanto buscaba).

Juli corre al encuentro de la caravana que ya la reconoció en la ruta
A las 16.20 dos autos llegaban por la Ruta 9 y, en la entrada a Maimará, se encontraban con la sorpresa de nuestra presencia. Casi una hora antes para no esperar ansiosos en la puerta, nos fuimos a hacerles dedo a la ruta. Está de más decir que fue muy emotivo el reencuentro, sobraron lágrimas, abrazos y alegría. Festejamos el momento con una picada con salame mercedino, queso, pan y vino que trajeron desde allá y comimos hasta que el sol se ocultó tras la montaña, sentados al borde del Río Grande.

Que mejor momento para comerse un salame!
Durante esta semana, los 9 nos dedicamos a recorrer Jujuy y Salta en un rally que les resumiremos a continuación:
*Noche de peña y caminata por el cerro en Purmamarca:
La picada no bastó y fuimos a cenar. Disfrutamos de música en vivo y del show de Moni que agitó en todos los temas. Aunque parezca mentira, en la mesa de al lado, había 2 mexicanos con varias copas de más que, después de animarse a cantar y hacerle propaganda a Oaxaca, vinieron a charlar a nuestra mesa y nos reímos todos un rato.
Regresamos al otro día para visitar el Cerro de los 7 colores y las Salinas Grandes donde, al volver, el 206 se apagó misteriosamente dejando olor a goma quemada y una luz amarilla en el tablero.

Cambio de roles en la familia Riselli, Juli fotógrafa y Lucas bailarina
*Mañana de sol en el Pucará de Tilcara:
Mientras el señor Pérez arreglaba el escape del corsa de Analía, fuimos a revisar el 206 aunque ya no prendía la luz. El diagnóstico del mecánico fue "Vos no sabés manejar" y otros bardeos inmerecidos para el pobre de Lucas. Paseamos por el centro y fuimos a recorrer las ruinas del Pucará. Lo mejor vino a la hora del almuerzo cuando nos dimos una inyección de carne y pedimos 2 milas a la napolitana que parecían zapatos por lo grande. Las extrañábamos tanto que repetimos a la noche.

El malón avanza por el Pucará a rayo partido del mediodía
*Tarde gris en Humahuaca:
Después de una parada en el poblado de Uquia, regresamos a la ciudad que nos hospedó casi 2 semanas. Parecía otro lugar, era el primer día nublado que veíamos y el batallón de turistas y vendedores nos espantaron. Salvamos la tarde yendo a la Casa del Tantanakuy (centro cultural donde nos habían prestado el libro) sacándonos las ganas de visitar el bar y merendar ahí.

El burro adelante pa´que no se espante
*Turismo aventura y desperfectos mecánicos en Iruya:
En lo del Tata dejamos mochilas y valijas y encaramos los 50km de ripio y corniza rumbo a Iruya. Faltando 7 km para llegar y en plena bajada, el 206 se empacó y no prendió más. Laura y las tías fueron a buscar ayuda, nosotros con Lucas y Delfi, armamos una picada al borde del camino esperando el auxilio. Como tardaban, nos acomodamos y dormimos una siesta, la única inquieta por la situación era Delfi que no sabía a donde mirar. Después de casi 4 horas volvió Laura con el mecánico mascador de coca que lo pudo arrancar y nos permitió llegar. El resto de la tarde lo aprovechamos para subir al Mirador (6 de 9, tres abandonaron), sacarnos fotos con un burro que vagaba por la ciudad y merendar en la hostería (a Lucas y a nosotros nos tocó dormir en lo de Jacinta que no sabía ni quienes eran sus huéspedes).
Merienda en la tarde noche de Iruya
*De shopping en Villazón:
Con el auto arreglado, partió la caravana a La Quiaca con la idea de llenar el bául de regalos (se destacó Analía que iba y venía de Bolivia al auto con bolsas de todos los tamaños). Regresábamos a Bolivia pero esta vez como turistas...
*Desilusión y mucho frío en Yavi:
Sin saberlo volvimos con reserva a lo de Mónica. Nuestra alegría duró poco ya que nos dimos cuenta que no había nada copado en Mónica que mostró su hilacha de chanta cobrándonos de más y mintiendo con las habitaciones. Eso no nos amargó la estadía que disfrutamos a puro burako y truco. Dormimos como pudimos (todos vestidos por el frío) y a la mañana siguiente emprendimos la vuelta (desayunamos en otra hostería y tuvimos que cambiarle una goma al 206 que no perdía protagonismo).
*A Salta por el camino equivocado:
Tras una parada en Maimará a recuperar los bolsos y hacerlos entrar en los autos, encaramos para Salta. Veníamos felices y contentos hasta que tuvimos que elegir entre la Ruta 34 y la 9. Elegimos la 9 por importancia (las del otro auto se avivaron y dieron la vuelta) y nos tuvimos que atravesar una selva montañosa, por una ruta demasiado angosta y tocando bocina en cada curva por si venían de frente. También cruzamos todo tipo de animales sueltos (Lucas bajó a arriar unas vacas que no se querían correr) para por fin llegar a Salta.

Te quiero ver, entre que la ruta es angosta y los toros te hacen frente...
Por el cambio de planes post-Yavi (nos íbamos a separar pero decidimos bajar todos a Salta) la reserva que tenían las tías era para 6 en dpto. Laura se acomodó porque sobraba una cama y Lucas se hizo lugar en el sillón. Nosotros, para que no haya problemas con la dueña que era anti jóvenes y vivía pared de por medio, nos buscamos un hostal. Caminamos como en las viejas épocas (ya estábamos dulces como turistas) y, luego de una hora y media de negativas, fuimos a la oficina de turismo que explotaba de gente. Nos debe haber visto cara de poca plata la señora porque nos consiguió un hotel triste y viejo. Por suerte estaba a la vuelta del "palermo salteño" y disfrutamos la noche con una parrillada que también hacía falta.
*Despedida en Cafayate:
Nos separamos de las tías luego de almorzar y pasear un poco por la ciudad de los viñedos. Quedamos reducidos a 4 y nos preparamos para recorrer los próximos días Salta y Tucumán, cada vez más cerca de otros reencuentros también muy esperados por nosotros y ojalá que por ustedes también (si es que hay alguien que todavía lee estas páginas).
Un abrazo fuerte a todos....nos vemos pronto!!