lunes, 11 de agosto de 2008

Colorín Colorado, Este Viaje se ha Acabado

Fuimos a cenar en Cafayate ya siendo solo cuatro. Comimos muy rico y el mozo se comió 20 pesos que, si no le pedimos el detalle, se guardaba contento (100% argentino). Al día siguiente tomamos la ruta hasta Tafí del Valle, ya en Tucumán. Pasamos el día muy relajados y, a la hora de buscar hotel, nos encontramos con un lleno total. Terminamos enfrente de la sede del Partido Justicialista en el hotel del gremio de los maestros.

A la mañana siguiente, otra vez sopa con el 206. Cuando nos despertamos ya Laura estaba con el mecánico que ya sentenciaba un "señora no va a arrancar y el repuesto hay que traerlo de Tucumán". "Lo amacamos un poco y vemos" fue nuestra respuesta. Y arrancó nomás...

Viajamos todo el día y pasamos la noche en Rafaela, Sta. Fe. Al otro día, después de un almuerzo frente al río en Rosario, arribamos a Mercedes a 5 meses de haber partido de Ezeiza con las mochilas llenas de ilusiones.

A puro abrazo, días de reencuentros y sorpresas

Mates con Sofía y cena en lo de Roberto ocuparon nuestras primeras horas de recién llegados a un sorprendentemente soleado invierno mercedino. A otro día nos separamos después de mucho mucho tiempo y Fede se tomó colectivo y tren para caer de sorpresa a su casa. Lo que sucedió después lo contamos en fotos ya que es muy difícil expresar las alegrías y emociones que vivimos en los últimos días donde nosotros que, sin esperarlo, fuimos sorprendidos por nuestros amigos. Gracias a todos por haber compartido con nosotros esta locura, ojalá sean muchas más, los queremos mucho a todos, los nuevos y los de siempre...que no se corteee!

Juli y Fede


Noche de sorpresas al por mayor con Lea volviendo de Oceanía



Las chicas del Pirovano armaron la murga de bienvenida y el mate con torta




¿Qué pasa? ¿Qué pasa? que no hay más ferné con coca...



Laura no ocultó la alegría en su cumpleaños, tampoco la botella



Un día Peronista con Martio y Miri, combatiendo al capital!



Reencuentro con primos y tíos, nadie se la perdió



Asado de Gonza para festejar el reencuentro en la quinta de Norber


sábado, 2 de agosto de 2008

Si Somos Muchos Es Mejor

Moni de rojo al al lado de Analía (de pie), Estela entre Juli y Fede, después Lucas y Delfi en totem, Cristina de bufanda y Laura hincada cual futbolista, con ustedes, La Banda de Mercedes en las Salinas Grandes (foto: Lucas Riselli)


Llegó el esperado día y tan ansiosos estábamos que nos quedamos dormidos. Caminamos de un tirón hasta la terminal y alcanzamos justo el colectivo que iba a Tilcara. De ahí tomamos taxi hasta Maimará y nos instalamos más cómodos que nunca en este viaje en "La Casa del Tata". Por primera vez en 5 meses veíamos un bidet y los shampo de cortesía hacían que dejemos de bañarnos con el "Cif lavavajillas concentrado" que veníamos usando hace un mes. Ya era mediodía y el apuro nos había dejado sin desayuno así que, en 30´, liquidamos el pan con Dulciora (estábamos empalagados de tanto dulce de leche) y una docena de empanadas (Juli por fin consiguió las de queso que tanto buscaba).




Juli corre al encuentro de la caravana que ya la reconoció en la ruta



A las 16.20 dos autos llegaban por la Ruta 9 y, en la entrada a Maimará, se encontraban con la sorpresa de nuestra presencia. Casi una hora antes para no esperar ansiosos en la puerta, nos fuimos a hacerles dedo a la ruta. Está de más decir que fue muy emotivo el reencuentro, sobraron lágrimas, abrazos y alegría. Festejamos el momento con una picada con salame mercedino, queso, pan y vino que trajeron desde allá y comimos hasta que el sol se ocultó tras la montaña, sentados al borde del Río Grande.


Que mejor momento para comerse un salame!

Durante esta semana, los 9 nos dedicamos a recorrer Jujuy y Salta en un rally que les resumiremos a continuación:


*Noche de peña y caminata por el cerro en Purmamarca:

La picada no bastó y fuimos a cenar. Disfrutamos de música en vivo y del show de Moni que agitó en todos los temas. Aunque parezca mentira, en la mesa de al lado, había 2 mexicanos con varias copas de más que, después de animarse a cantar y hacerle propaganda a Oaxaca, vinieron a charlar a nuestra mesa y nos reímos todos un rato.
Regresamos al otro día para visitar el Cerro de los 7 colores y las Salinas Grandes donde, al volver, el 206 se apagó misteriosamente dejando olor a goma quemada y una luz amarilla en el tablero.


Cambio de roles en la familia Riselli, Juli fotógrafa y Lucas bailarina

*Mañana de sol en el Pucará de Tilcara:
Mientras el señor Pérez arreglaba el escape del corsa de Analía, fuimos a revisar el 206 aunque ya no prendía la luz. El diagnóstico del mecánico fue "Vos no sabés manejar" y otros bardeos inmerecidos para el pobre de Lucas. Paseamos por el centro y fuimos a recorrer las ruinas del Pucará. Lo mejor vino a la hora del almuerzo cuando nos dimos una inyección de carne y pedimos 2 milas a la napolitana que parecían zapatos por lo grande. Las extrañábamos tanto que repetimos a la noche.


El malón avanza por el Pucará a rayo partido del mediodía

*Tarde gris en Humahuaca:
Después de una parada en el poblado de Uquia, regresamos a la ciudad que nos hospedó casi 2 semanas. Parecía otro lugar, era el primer día nublado que veíamos y el batallón de turistas y vendedores nos espantaron. Salvamos la tarde yendo a la Casa del Tantanakuy (centro cultural donde nos habían prestado el libro) sacándonos las ganas de visitar el bar y merendar ahí.


El burro adelante pa´que no se espante


*Turismo aventura y desperfectos mecánicos en Iruya:
En lo del Tata dejamos mochilas y valijas y encaramos los 50km de ripio y corniza rumbo a Iruya. Faltando 7 km para llegar y en plena bajada, el 206 se empacó y no prendió más. Laura y las tías fueron a buscar ayuda, nosotros con Lucas y Delfi, armamos una picada al borde del camino esperando el auxilio. Como tardaban, nos acomodamos y dormimos una siesta, la única inquieta por la situación era Delfi que no sabía a donde mirar. Después de casi 4 horas volvió Laura con el mecánico mascador de coca que lo pudo arrancar y nos permitió llegar. El resto de la tarde lo aprovechamos para subir al Mirador (6 de 9, tres abandonaron), sacarnos fotos con un burro que vagaba por la ciudad y merendar en la hostería (a Lucas y a nosotros nos tocó dormir en lo de Jacinta que no sabía ni quienes eran sus huéspedes).

Merienda en la tarde noche de Iruya

*De shopping en Villazón:
Con el auto arreglado, partió la caravana a La Quiaca con la idea de llenar el bául de regalos (se destacó Analía que iba y venía de Bolivia al auto con bolsas de todos los tamaños). Regresábamos a Bolivia pero esta vez como turistas...


*Desilusión y mucho frío en Yavi:
Sin saberlo volvimos con reserva a lo de Mónica. Nuestra alegría duró poco ya que nos dimos cuenta que no había nada copado en Mónica que mostró su hilacha de chanta cobrándonos de más y mintiendo con las habitaciones. Eso no nos amargó la estadía que disfrutamos a puro burako y truco. Dormimos como pudimos (todos vestidos por el frío) y a la mañana siguiente emprendimos la vuelta (desayunamos en otra hostería y tuvimos que cambiarle una goma al 206 que no perdía protagonismo).


*A Salta por el camino equivocado:



Tras una parada en Maimará a recuperar los bolsos y hacerlos entrar en los autos, encaramos para Salta. Veníamos felices y contentos hasta que tuvimos que elegir entre la Ruta 34 y la 9. Elegimos la 9 por importancia (las del otro auto se avivaron y dieron la vuelta) y nos tuvimos que atravesar una selva montañosa, por una ruta demasiado angosta y tocando bocina en cada curva por si venían de frente. También cruzamos todo tipo de animales sueltos (Lucas bajó a arriar unas vacas que no se querían correr) para por fin llegar a Salta.

Te quiero ver, entre que la ruta es angosta y los toros te hacen frente...

Por el cambio de planes post-Yavi (nos íbamos a separar pero decidimos bajar todos a Salta) la reserva que tenían las tías era para 6 en dpto. Laura se acomodó porque sobraba una cama y Lucas se hizo lugar en el sillón. Nosotros, para que no haya problemas con la dueña que era anti jóvenes y vivía pared de por medio, nos buscamos un hostal. Caminamos como en las viejas épocas (ya estábamos dulces como turistas) y, luego de una hora y media de negativas, fuimos a la oficina de turismo que explotaba de gente. Nos debe haber visto cara de poca plata la señora porque nos consiguió un hotel triste y viejo. Por suerte estaba a la vuelta del "palermo salteño" y disfrutamos la noche con una parrillada que también hacía falta.


*Despedida en Cafayate:

Nos separamos de las tías luego de almorzar y pasear un poco por la ciudad de los viñedos. Quedamos reducidos a 4 y nos preparamos para recorrer los próximos días Salta y Tucumán, cada vez más cerca de otros reencuentros también muy esperados por nosotros y ojalá que por ustedes también (si es que hay alguien que todavía lee estas páginas).





Un abrazo fuerte a todos....nos vemos pronto!!

sábado, 26 de julio de 2008

Caminando Por La Quebrada



Últimos pasos que caminamos solitos pero de la mano

Esta semana fue muy especial, fue la última que pasamos los dos juntos (a partir de mañana seremos 9), además estuvimos instalados en Humahuaca y, por primera vez, nos tocó pasar sin amigos el día del amigo (aunque aprovechamos para salir a festejar igual).


Subimos al Indio una sola vez en 11 días, queríamos descansar

Para no hacerla larga, podemos decir que en este tiempito nos armamos una linda rutina que comenzaba a las 11 o 12 con un desayuno al sol (pan con dulce y mates) y seguía después de acuerdo a las ganas de nuestros pies. Fuimos al cerro Peña Blanca, seguimos el camino de las vías en ambas direcciones, conocimos los barrios más alejados y tranquilos de acá y disfrutamos de una novela de Osvaldo Soriano que nos prestaron en la biblioteca (oh casualidad atendida por Lorena, la hermana de Luchi, que había cumplido la semana pasada) que, también casualidad o no, trataba de un viajero sin rumbo ni un peso perdido en el interior de nuestro país (la devoramos en cuatro días).


Digno de un cuadro de Molina Campos, desayunando en la puerta con Paula

También nos vino bárbaro que después de un fin de semana donde habíamos compartido el teatro con cuatro artesanos (dos chicas que iban a Perú sin pasaporte, un chaqueño rumbo a Bolivia sin documentos y un uruguayo que hacía arañas porta saumerios) nos quedamos solos y, de yapa, dos de los hijitos de Paula (los más indios) se fueron a pasar la semana con el papá. Nos quedamos disfrutando del "Uli", el muy simpático y alegre bebé de un año. Hasta una noche nos tocó hacer de niñeros y pasamos la prueba sin mayores problemas, se despertó dos veces y, en la segunda, nos lo pasábamos como una papa caliente, no paraba de llorar por el efecto del coliflor que había cenado.


La técnica de brazos cruzados de Fede para que aprenda a caminar Uli

A la noche hicimos costumbre desafiarnos al truco y sacamos chispas (estuvo siempre parejo). Como menú liquidamos las sopas que trajimos desde Bs. As. y de "segundo" mechamos entre sánguches, fideos y pan con "delicioso" picadillo de carne (acá no se comercializa el paté).


Preparando la sopita, temprano que mañana hay que madrugar...

Son contadas las noches en que salimos ya que el frío y las 20 cuadras que nos separaban del centro nos apichonaban (igual adentro del teatro calor no hacía) pero un par de veces le pusimos el pecho y salimos a tomar un vinito.


Lo poco que queda del paso del tren en la ciudad

Ah! una constante que arrastramos desde Bolivia (sin saber bien el motivo) es el gran meteorismo oloroso (término clínico...) que nos ataca sobre todo por las noches y le da un "aroma especial" a la carpa. Hablando de ella, nos fuimos para arriba como dos linyeras y la recubrimos de cartones para que no se meta el chiflón (funcionó joya).


Las callecitas de Humahuaca tienen un no se qué

Hasta acá llegaron las aventuras de Juli y Fede, a partir de la semana que viene no se pierdan el primer capítulo de "Laura y su pandilla - sueltos por el Norte".

sábado, 19 de julio de 2008

Con Una Mano Atrás y Una Adelante




Y de nuevo alguien se cruza en la foto, esta vez merecía dejarse

El último gran viaje, de La Paz a Villazón, transcurrió dentro de lo esperado, en realidad mejor. El micro no se rompió, no se atrasó y nosotros no pasamos hambre (llevamos sánguches recién hechos y empanandas) ni frío (nos pusimos todo el abrigo y una bolsa de dormir de la cabeza a los pies). Llegamos a la frontera on toda la tierra del sur de Bolivia encima y en las mochilas, que casi no reconocemos al bajar del micro.

En la aduana nos revisaron y nos hicieron más preguntas que en Panamá (la verdad que se extrañaba la "amabilidad" de nuestra querida policía). Nos cruzamos toda La Quiaca para tomar algo que nos llevase a Yavi, a 15 km. En una rotonda pasamos una hora de desesperación y locura ya que no había transporte y debíamos subir a un coche particular que se ofreciera llevarnos (a Juli todos le parecían siniestros y Fede estaba cansado de esperar). Por fin pasó un padre con sus hijos y, con la aprobación de Juli, nos fuimos a Yavi.


Acá si que no se cruzaba nadie en la foto, en la puerta de lo de Mónica

No sabemos si por ser domingo o porque ahí viven 250 personas nos encontramos con casi un pueblito fantasma, pero con toda su magia. Nos instalamos en La Casona, de Mónica, un cálido bar-hostal, donde pasamos dos días con Oke, el único turista además de nosotros, que resultó ser un amigo de la infancia del Negro (para el "Juanchi"). La pasamos muy bien disfrutando de la tranquilidad del pueblo, los paisajes, el silencio total y lo mejor fue sentarnos al lado del hogar a inundarnos de la sabiduría de Moni y a descostillarnos con sus inteligentes locuras. Lo peor fue la caminata en vano buscando las pinturas rupestres que nunca vimos (en teoría pasamos por delante de ellas). También de a poco nos fuimos informando sobre el conflicto con el campo y el manejo por parte de los medios.


A esta nada, un caprichito

Nuestro presupuesto (ajustadísimo no importa que moneda sea) nos hizo dejar Yavi a pesar de nuestras ganas de quedarnos más tiempo y partimos a Humahuaca buscando un mejor pasar. Al pueblo llegamos a media tarde (a las 3) con el recuerdo de años anteriores donde dormíamos en cualquier parte por unos pesos. De esa época solo quedaba el recuerdo ya que no había hostales por menos de $20, Juli encontró uno de 12 en el centro de información turística pero quedaba en Abra Pampa (con razón no encontrábamos la calle Sarmiento).


Al calor del fueguito en Yavi

Ya eran las 5 y seguíamos en la plaza frente a la terminal cuando Fede escuchó un "Hola Luchi" y salió corriendo a buscar al dueño del bar Aisito, amigo de Martio y Miri, al grito de "vos seguro de mí no te acordás pero jugamos al fútbol juntos en Bs. As." Por suerte Luchi se acordaba de nosotros (nos vio en un asado en lo de Miri) y nos invitó a quedarnos por esa noche para seguir la búsqueda más tranquilos al otro día.

Tomamos unos mates mientras lo ayudamos a limpiar el bar y charlábamos sobre su viaje a Bolivia y el nuestro. Por la noche disfrutamos de la banda de folklore que tocó, y como si esto fuera poco, Luchi nos regaló un fernet que sabía que extrañábamos un montón (nos lo dio diciendo "felíz aniversario" por el que no pudimos tomar el 22 de abril). Terminamos casi a las 3 comiendo torta ya que era el cumple de Lorena, una de sus hermanas.


Chacarera en vivo y Luchi dando muestras de sus dotes de bailarín

El día siguiente fue largo y cansador, nos recorrimos todo Humahuaca buscando un lugar barato que encontramos luego de preguntar a los artesanos de la plaza (la técnica de Nicaragua volvía a funcionar). Asi llegamos a lo de Paula, artista-poeta-madre de 3-hippie, que nos hospedó por la módica suma de 7 pe cada uno en un salón-teatrito donde armamos la carpa sobre cartones y un colchón viejo detrás del telón sobre el escenario.


Con ustedes la última función de nuestra querida carpa, estrella del viaje

Ya instalados, comenzamos a disfrutar del lugar a pesar del aluvión de turistas que lo copaban durante el día (vienen de las pcias. ya que están de vacaciones) que, con sus 4x4 y sus autos 0km con calcomanías de "No a las retenciones" inundan las pequeñas calles del pueblo.


Contemplando Humahuaca desde las alturas del cerro

No podemos dejar de mencionar lo felices que amanecemos (siempre después de las 11, uno se acostumbra rápido al horario) sabiendo que nos esperan unos buenos mates acompañados de pan casero con mucho dulce de leche Ramolac. Ni hablar del almuerzo a pura empanada de papa y carne, un placer que extrañábamos.

Ahora se viene una semana tranquila sin viajes ni cargar mochilas (las dejamos en lo de Luchi porque lo de Paula está casi al final del pueblo). También un poco más tranquilos con respecto a lo económico gracias al préstamo de Lita y Hugo que acrecienta más nuestra deuda externa pero nos deja márgen para esperar el reencuentro de la semana que viene.


El caradura de Fede se compró la de México pero en Bolivia por 12 pesos...

Ah! imposible olvidarnos, esta noche cuando den las 12 brindaremos por todos ustedes: amigos y amigas del alma que tanto extrañamos y tantas ganas tenemos de abrazar y festejar el poder seguir compartiendo nuestras vidas, estando cerca o lejos. Los queremos mucho a todos, Felíz Día del Amigo!! Salud!!

La Foto De La Semana


Para los que quieran venir, ya saben, el ramal 3 Villa Martelli-Humahuaca, no se pueden perder

sábado, 12 de julio de 2008

Tomando Frío en La Paz



Que bien hubieran venido unos gorritos de lana para pasar el invierno...

Bizarro, sí, así fue el viaje a Puno. Al supuesto "bus cama" le habían sacado los televisores pero, para compensar, tuvimos show en vivo: por culpa de una señora y su marido que se sentaron donde no debían se armó el adebacle total. Gritos justicieros de la gente que iban desde "señora no sea inconciente, no sea terca!" hasta "señora, no sea conchuda, siéntese en su lugar!!". Pasó media hora de discusión (ya querían parar el bus) hasta que un español hizo justicia y arrancó a la señora del lugar para que se ubiquen las gringas que, a todo esto, ya se habían ido a los únicos dos asientos que quedaban (separadas). Cuando parecía haber terminado todo, la señora y su marido fueron a sus lugares (puteando a las extrangeras) y se encontraron con dos chinos que tuvieron que también fueron sacados y tuvieron que viajar separados por subir últimos y no tener lugar. A todo esto nosotros nos quedamos helados, no había calefacción y los vidrios literalmente formaron hielo del lado de adentro. Como frutilla del postre el chofer, no sabemos si a propósito o no, dejó toda la noche la luz prendida y la apagó cuando agarrábamos las cosas para bajar.

Con los últimos soles (para variar) fuimos a la frontera con Bolivia a 2 horas de Puno (eran las 6 y la térmica era negativa. Al llegar preguntamos por migración y nos dijeron "a 4 cuadras", caminamos 20 y del puesto nada. Resignados, subimos a una moto taxi y arribamos por fin a Bolivia.



Como atardeceres en el mar no nos quedan nos conformamos con los del lago...

Desembarcamos en el viejo y querido poblado de Copacabana a orillas del Lago Titicaca (allí nos encontramos el año anterior). Movidos por los recuerdos (y por el hambre) fuimos a desayunar al bar donde habíamos merendado el año pasado. Nos salió más caro que el hostal pero valió la pena.

Dejamos la olla para alimentarnos a base de menúes bolivianos, los mejores y más baratos del lugar. Como era fin de semana, Copacabana se convirtió en la "Bristol boliviana" y nosotros éramos dos cholas más.


Por apenas 7 pesos una vista impagable desde la habitación

Después de 2 días fuimos a la Isla del Sol. Llegamos al lado sur y, para nuestra sorpresa, nos cobraron para entrar. Igualmente la sorpresa mayor fue ver lo desolado del lugar, se ve que acá era temporada bajísima (los bares abandonados, nadie alrededor). Igual nos quedamos una noche donde vimos más estrellas en el cielo que nunca y cenamos en un lindo restaurant con velitas y dos chicas israelíes sumamente ratas en la mesa de al lado que no paraban de quejarse con la señora del precio después de haberse consumido todo (Juli casi se levanta a cantarle las cuarenta y Fede al pagar se ofreció de patovica por si querían escapar).

Barquito y bus de por medio llegamos a La Paz (ya no teníamos más ropa que ponernos encima para tanto frío) y derechito volvimos al hostal El Carretero. Se ve que también es temporada baja en La Paz, al hostal lo encontramos casi vacío, solo ocupado por los obreros que lo están ampliando y reconstruyendo (el mate lo preparamos en las ruinas de la vieja cocina, la nueva, proximamente). Lo único que se mantuvo fue la terraza que aprovechamos para disfrutar de la vista y del calor del sol (la pieza era un iglú).


La terraza del Carretero, en plena merienda, ¿no Juli?

Para conocer algo distinto nos fuimos a Sorata unos días sin las mochilas. Después de 3 horas de combi llegamos al pie de la cordillera boliviana, a un pueblito chiquito y muy tranquilo, con un clima mucho más agradable. Pasamos 2 noches, la primera en "Casa Marley" (imagínense) el lugar más hippie y más barato. El tema no eran los hippies sino el zoológico que habitaba dentro: gatos con sus crías, perros y, el dueño del lugar: Wilson, un mono paranóico y sexópata que había sodomizado a un gatito al grito de "hoy vas a ser mi esclavo sexual". El segundo día subimos de nivel al "hostal Mirador" donde disfrutamos de la paz, el paisaje y de una ducha caliente.


Por algo se llamaba Hostal Mirador ¡que vista!

Volvimos a La Paz y, después de 4 meses y pico, sacamos pasaje para Villazón, en la frontera con Argentina. Por suerte no con la idea de regresar todavía sino para disfrutar de Jujuy, donde el 27 de Julio nos reencontraremos con Laura, la mamá de Juli, al mando de un convoy mercedino para pasar las últimas semanas juntos.


Una pequeña porción del mundo de lucecitas que es La Paz de noche

Hasta acá llegamos como extranjeros, próxima estación: Argentina!


La Foto De La Semana


¿Otra vez dejaron la puerta abierta y se escapó Napo? (el perro de la casa de Fede)
Por suerte lo encontramos en Bolivia y ya lo estamos mandando de vuelta

El Pati bajón de la Semana


En Sorata nos deleitamos con las hamburguesas "caseras" de la chola (Fede se mandó 4)

jueves, 3 de julio de 2008

Todos Los Caminos Conducen a Cusco

Recién llegados, con la alegría enorme de volver


Todavía era de Noche cuando el taxi (que nos pagó la familia de Antonio para que no tengamos que salir de noche a tomarnos el metro) nos llevó al aeropuerto. Como por arte de magia, a las 19.30 ya estábamos de nuevo en Lima. Del viaje, Juli hizo justicia por lo que nos costó y se quedó con la mantita de Mexicana. Pero también tuvo que sufrir la decomisación de la salsa picante que llevaba para Roberto en la escala en Bogotá. Pá, no te preocupes que Fede tiene otra "extra picante" en el fondo de la mochila.


Todavía oímos el "terminen con sus carreras" que Norma nos repitió desde Marzo

De nuevo buscamos la cofia entre la multitud y por suerte estaba, era Vanesa que nos llevó al convento, donde nos esperaba con la cena Estela, una monjita argentina de 70 años (un amor). Al otro día nos reencontramos con Norma, le mostramos las fotos, nos pusimos al día (fue muy emotivo el momento) y a la tarde nos fuimos para Arequipa. Viajamos toda la noche y toda la mañana llegando a las 3 de la tarde. De un día para otro pasamos del verano al invierno (mucho frío pero sin una sola nube) y de contar cada dólar a malgastar soles.


Amanecer camino a Arequipa, entre el desierto y el mar

Nos sorprendió la limpia, tranquila y pintoresca ciudad situada al pie de un volcán y un nevado. Paramos en el hostal "del boludo y del jeropa", donde le gastamos la cocina e internet a más no poder (hasta subimos el video del día del padre).


Ahora que hacemos videos canchereamos frente a la cámara


Nos habíamos resignado de visitar nuevamente Cusco (es temporada alta) hasta que el destino nos hizo un guiño y lo supimos vislumbrar a tiempo. Fede se encotró por chat a Nelson, un peruano que vive a la vuelta de Charcas con quien sólo charlamos una hora en Guatemala. Él nos pasó el número de un amigo suyo, músico, que se ofreció a hospedarnos a pesar de estar por parir su mujer. A la otra noche ya estábamos felices camino a la ciudad más mágica de Sudamérica. Pasamos la mañana en la Plaza de Armas esperando una hora decente para llamar a Hugo. Llamamos y, para nuestra sorpresa, había nacido su hijo hacía unas horas. A pesar de su buena voluntad decidimos no molestar y buscar el hostal más barato (después de rechazar innumerables ofertas diciendo "no, gracias, vamos a lo de unos amigos").


Para que disfruten como nosotros del cielo azul y ese gigante volcán


El balance fue más que positivo, recibimos el empujón que necesitábamos para regresar (al final ni el hostal ni los pasajes eran caros) y volvimos a caminar esas calles llenas de recuerdos en cada esquina del viaje que compartimos con Leti, Seba, Facu, Marian y Lea hace poco más de un año (lo de Noemí, Mithology, El Tumi...)


Volviendo cagados de frío, Fede parado en un tapial y Juli moqueando atrás

Nos vamos a Bolivia bien resfriados pero contentos de haber podido pasar una semana hermosa en Perú.


La Foto de la Semana





Esta vez Fede se inspiró para capturar el ocaso arequipeño



El Plato de La Semana -el Regreso-


Ya con el uniforme de invierno, sopa crema, lasagna, pizza y ensalada de frutas (con papaya obvio)




Nos vemos en Bolivia!!

miércoles, 25 de junio de 2008

En Familia a 8.000 Km de Casa


Todos en la cima de la Pirámide del Sol, por suerte fuimos antes de que se llene





Salimos de Pto. Escondido para Acapulco, obviamente, a dedo en un viaje de supuestamente 6 hs. Arrancamos dándole una clase sobre la corrupción en la AFA a un delegado del PRI (partido de larga historia acá) y seguimos, con mucha suerte, con Iván y Francisco, ingeniero y arquitecto que estaban construyendo antenas para celulares. Se ofrecieron a llevarnos hasta Acapulco pero con la condición de esperarlos "un rato" mientras visitaban una obra. Elegimos el camino seguro y los acompañamos en un viaje bizarro por Cacahuatepec y Pinotepa Nacional, dos pueblos perdidos en este gran país. La recorrida incluyó una espera al lado de 2 burros en un rancho donde compartimos con ellos y los obreros el agua de orchata (si, de orchata...) que Juli no se animó a probar usando como excusa un dolor de panza. También nos invitaron a almorzar ya a las 17 (por primera vez probábamos lo picante de la comida mexicana) y tomamos un helado en la plaza para seguir viaje ya en el atarceder, rumbo a Acapulco.
Lo que tenía que durar 6 horas duró 12 y llegamos a la ciudad a las 23.30 muy cansados pero contentos por haber conocido a este par de amigos que, después de dejarnos, se fueron de joda. A nosotros no nos daba el cuerpo para más y pasamos la noche sin pena ni gloria en la Terminal.


Iván, nosotros y Francisco, de fondo Acapulco, por fin habíamos llegado


Ya de día, a las 7, salimos a buscar algo barato (misión casi imposible porque parecía Miami) y encontramos un hotel con alberca (pileta) a precio rebajado por ausencia de huéspedes después de caminarnos todo Acapulco a pleno sol. Aprovechamos para descansar y darnos un chapuzón en la alberca mientras planeábamos el último dedo al DF.

En la mañana del jueves salimos a la ruta después de dudar si hacer dedo en la autopista o en la libre (sin peaje y más transitada). Caminar de una a la otra nos llevó más de lo planeado y, finalmente, llegamos al peaje de la autopista. Pasó un rato hasta que nos levantaron y nos dejaron a media hora en plena autopista. Por suerte Jaime y su camión con 50 toneladas de Diesel se apiadaron de nosotros (a todo esto Juli iba retorcida de dolor a causa del picante del día anterior) y nos llevó a 30 km por hora hasta Chilpancingo. Al sol de las 2 nos dejó en una Pemex (la YPF de acá) y al toque, Aurelio, un viejete personaje cantador, nos llevó a Cuernavaca, a 100 km del DF. Hasta ahí llegó nuestra aventura a dedo por México ya que, después de casi 2 horas de intentar que nos levanten el poco trecho que faltaba (ya habíamos recorrido 260 km) y con el atarceder que se nos venía, nos subimos al bus para asegurar nuestro arribo a la gran ciudad.


La costa de Acapulco en el atardecer, desde el Mangrullo
Llegamos a la terminal sur y al no poder comunicarnos con los amigos de Sabri que viven acá nos metimos en el mail esperando la respuesta de Antonio, el amigo del sobrino de un cliente del garaje de Fede. Para alegría nuestra nos encontramos con indicaciones precisas y hasta un mapa para que lleguemos bien a su casa. Despúes de 1 hora y media de metro alguien nos llamó al salir de la estación: era Antonio que hasta nos había venido a buscar!


La Casa Azul desde el jardín, las obras y los objetos no se podían fotografiar

Del DF conocimos el Zócalo, paseamos por el centro histórico, fuimos al bosque de Chapultepec (una reserva de 700 hectáreas en plena ciudad), visitamos el interminable Museo de Antropología, peregrinamos a la Basílica de Guadalupe (misión cumplida Lita!) y la casa-museo donde vivieron Frida y Diego Rivera, entre otras cosas. La verdad que más no podíamos haber hecho, ya no nos daban las piernas para caminar. Del metro, ¿que decir? lo recorrimos de punta, de combinación en combinación, nos dejó de cama.


El Zócalo del DF, con la bandera más grande de todas


La última visita a las ruinas del viaje se nos dio de una manera muy especial. Decidimos ir un domingo para evitar el metro en hora pico y nos encotramos con la grata sorpresa de que Antonio y su familia decidieran acompañarnos. El resultado no podía haber sido mejor, salimos pasadas las 7 en la camioneta de Raymundo, el papá, que nos hizo de guía turístico todo el camino. También vinieron Reyna y Sergio, sus hermanos, Guadalupe (la mujer de Sergio) y los chicos: Mariana, Ulises, Viri y Yessi (sobrinos de Antonio). Entre todos escalamos las pirámides del Sol y de la Luna (las más grandes de América), caminamos la Calzada de los Muertos con sus casi 4 km de extensión y hasta nos invitaron a almorzar unos riquísimos tacos dorados. Regresamos a media tarde todos muy cansados y contentos de haber podido compartir esta excursión en familia.


La Pandilla de Teotihuacán: Fede-Ulises-Sergio-Antonio y Raymundo

La verdad es que nosotros nunca imaginábamos sentirnos tan bien recibidos y cómodos en la casa de Antonio y su familia para quienes solo tenemos palabras de agradecimiento por el modo en que nos brindaron su calidez y nos abrieron las puertas de su hogar. No nos queremos olvidar de mencionar a Petra, la mamá de Antonio, que el domingo se quedó descansando pero siempre nos brindó su sonrisa y nos deleitó con los más ricos platos típicos de México (probamos el mole, los nopales, las tunas, carne enchilada, panes dulces con chocolate caliente, en exclusivo la papaya, las nieves y más). No pudimos rechazar la invitación para probar el tequila, un clásico de acá.


La Pirámide del Sol en la mañana de Domingo

Bueno, hasta acá llegamos subiendo, termina una etapa del viaje (fueron 3 meses y medio de camino hasta el DF) y ahora volvemos a Lima (en avión, gracias a la familia que nos quiere cerca) para reencontrarnos con Norma en el convento, será un breve paso por la capital para empezar la recorrida por el sur de Perú. Pasamos del verano al invierno sin escalas y con las mismas ganas de seguir conociendo lugares...

La Foto de La Semana


La cabezota de piedra para los enfermos de Los Simpsons

La Yapa

El enjambre del Metro donde las mujeres y los niños tienen vagones exclusivos y se arman estos laberintos para que no se agolpen todos en las bocas, una jungla