De Playa del Carmen nos fuimos con muchas expectativas a Tulum, ya que nos habían dicho que no había hoteles, las playas eran más grandes y además podíamos acampar frente al mar. Como el pueblo estaba a 4 km de la playa, compramos comida para varios días con la idea de ya no volver.
Bajo el sol del mediodía, Gino, un tano dueño de un restaurant en la playa, nos levantó con las bolsas del super incluídas y nos llevó hasta el camping. Mientras Juli esperaba con todoslos bártulos, Fede fue a averiguar y volvió con una sonrisa de oreja a oreja: podíamos poner la carpa frente al mar en una playa desolada y sin pagar un peso. Felices nos instalamos, armamos el living con un sillón de tronco bajo una palmera y almorzamos sanguchitos.
La tarde la pasamos admirando la belleza del lugar: unos botecitos flotando sobre el caribe y, en los acantilados que comenzaban a nuestra izquierda, dos imponentes ruinas mayas que alguna vez fueron centinelas de toda la costa. Apreciarlas desde dentro del mar generaba asombro y escozor. De repente se nubló, y en menos de un minuto, se largó alto chaparrón. Nos refugiamos en un quincho y, a los 10´se asomaba de nuevo el sol. Nos miramos y dijimos: -Si va a llover así, no hay pedo güey!
El lugar espectacular pero el cielo ya anunciaba lo que vendría
Venía todo bárbaro, cenamos, salimos de la carpa a contemplar las extrellas, la noche era clara, no podíamos pedir más hasta que...
La tormenta arrancó antes de medianoche y en intervalos continuó hasta el amanecer. El cocktel era fatal: lluvia y un fuerte viento que venía directo del mar no nos dejó pegar un ojo ya que nos la pasamos sosteniendo la pequeña carpa y sacando agua con un jarrito cuando paraba. Quedamos acurrucados uno detrás del otro y esperar que pare fue lo único que pudimos hacer.
El segundo día amaneció nublado, no era una buena señal. De las 5 o 6 carpas que había alrededor sólo quedaban 2: la nuestra y la de un hippie que vivía ahí desde hacía 10 años, el resto eran vestigios de carpas destrozadas y abandonadas.
Nuestras ganas eran más fuertes que la realidad: armamos una defensa con una lona gigante y tres palos de madera para detener el viento más otro al costado de la puerta hecho con la bandera de Velez.
El día lo pudimos disfrutar pero se vino la noche...Desde las 7 una tormenta de viento azotó a la carpa sin tregua y no paró hasta el otro día. Por momentos parecía que íbamos a salir volando con carpa y todo. Por suerte las defensas construídas funcionaron: la carpa no se inundó y dormimos algunas horas.
Vámonos de acá fue lo primero que dijimos en cuanto amaneció. El mar, que hasta la noche anterior se mantenía a 150 mts. ahora estaba a menos de 50, y de las defensas, sólo la bandera se mantenía en pie. Lo más rápido posible desarmamos todo entre un remolino imparable de viento y con la cabeza baja, decicimos ir al pueblo y abandonar nuestra utopía.
De pasada nos encontramos con "La Nena" y sus tripulantes y fuimos a las ruinas con ellos. Eran impagables, ¡la vista que tenían esos muchachos!
Nótese lo arruinados que quedamos después de 2 noches sin descansar
Otra vez solos volvimos al pueblo en busca de una ducha y una cama (ya la lluvia era una constante) y nos preparamos para, la mañana siguiente, hacer dedo para ir a Chiapas.
Salimos de Tulum el domingo a las 9 y el martes 4 am estábamos en San Cristóbal de las Casas, en el medio lo siguiente:
*Con Carlos en su Ford Lobo (alta camioneta) hasta Limones y con una flia. numerosa pero de gran corazón, los 70km que faltaban a Chetumal.
*Noche en la ciudad, y al otro día, bus otra vez a la ruta.
*Con León en su Ranger y clase de arqueología y botánica gratis, hasta un pueblito (?) y en la combi de un paisano hasta Escárcega, con anécdotas de su vida de trabajador sin papeles en USA.
*Atardecer en un cruce de rutas a casi 200 km de Palenque con el fastidio de Juli por no llegar y el caradurismo de Fede para encarar a una pareja de yankis entrados en años que con su perrito y super camioneta, salían de un Burger King.
*Tras negativa en inglés de la señora, nos fuimos resignados a seguir haciendo dedo pero...Bocinazos de Mike que se copó y nos levantó.
*Interminables "thanks" y "you saved us" de nosotros hasta llegar a Palenque (hasta nos regalaron un agua).
*Para cerrar: 30km de la entrada a la ciudad ya dando las 10pm en un taxi compartido y bus a San Cristobal a las 11.
*A las 4.30 del martes nos bajamos del bus y nos refugiamos en la terminal hasta que amaneció. Habíamos recorrido a dedo 800km y en bus otros 300 más en poco más de un día, nos merecíamos un descanso.
Un lujito que nos dimos, cafecito con leche frente a la plaza
Por suerte no tuvimos que salir de la terminal para encontrarlo, Erika, dueña del Hostal Casa Jardín, nos hizo una oferta imposible de rechazar: taxi, desayuno, internet y ambiente familiar por 6 dólares la noche. Arturo, el marido, y su super desayuno, nos dieron la bienvenida a esta ciudad colonial del sur de Chiapas. Nos bañamos y a dormir, no importó que el reloj diera las 9 am.

Juli en territorio Zapatista, con la escuela detrás
Pasamos 4 días en la ciudad acompañados siempre por la lluvia pero no dejamos que nos impidiera disfrutar. Fuimos a un caracol a conocer a los zapatistas y pasamos el día escuchando de su boca la lucha por los derechos de los indígenas y recorriendo la escuela rebelde autónoma y el hosptial. Visitamos San Juan Chamula, un pueblito aborigen a 10 km, que se caracteriza por su propia adaptación de la religión católica. Su iglesia no tenía bancos, las autoridades son los chamanes pero se veneran a los mismos santos. Fue muy impactante observar de cerca sus manifestaciones de fe: cientos de velas encendidas, la gente arrodillada sobre fardos de pasto haciendo sus ofrendas de comida y bebidas.
Degustando el desayuno de Arturo: omelet con queso, ¿está rico Juli?
Nos fuimos de San Cristóbal con la panza llena y el corazón contento por la amabilidad de Erika y Arturo, y los ojos repletos de imágenes únicas de una cultura que lucha por sobrevivir, por sus derechos, sus tierras y su libertad.
La extraña Iglesia de San Juan Chamula, adentro no se podían sacar fotos
Ahora nos vamos a Oaxaca (se escribe Oaxaca, se pronuncia Guajaca) la tierra del mezcal.
Ya cumplimos 3 meses y la Gira continúa...
La Foto de la Semana
En la Biblioteca conocimos otra manera de aprender
El libro de matemáticas realizado por ellos, su tirada era de 50 ejemplares