miércoles, 25 de junio de 2008

En Familia a 8.000 Km de Casa


Todos en la cima de la Pirámide del Sol, por suerte fuimos antes de que se llene





Salimos de Pto. Escondido para Acapulco, obviamente, a dedo en un viaje de supuestamente 6 hs. Arrancamos dándole una clase sobre la corrupción en la AFA a un delegado del PRI (partido de larga historia acá) y seguimos, con mucha suerte, con Iván y Francisco, ingeniero y arquitecto que estaban construyendo antenas para celulares. Se ofrecieron a llevarnos hasta Acapulco pero con la condición de esperarlos "un rato" mientras visitaban una obra. Elegimos el camino seguro y los acompañamos en un viaje bizarro por Cacahuatepec y Pinotepa Nacional, dos pueblos perdidos en este gran país. La recorrida incluyó una espera al lado de 2 burros en un rancho donde compartimos con ellos y los obreros el agua de orchata (si, de orchata...) que Juli no se animó a probar usando como excusa un dolor de panza. También nos invitaron a almorzar ya a las 17 (por primera vez probábamos lo picante de la comida mexicana) y tomamos un helado en la plaza para seguir viaje ya en el atarceder, rumbo a Acapulco.
Lo que tenía que durar 6 horas duró 12 y llegamos a la ciudad a las 23.30 muy cansados pero contentos por haber conocido a este par de amigos que, después de dejarnos, se fueron de joda. A nosotros no nos daba el cuerpo para más y pasamos la noche sin pena ni gloria en la Terminal.


Iván, nosotros y Francisco, de fondo Acapulco, por fin habíamos llegado


Ya de día, a las 7, salimos a buscar algo barato (misión casi imposible porque parecía Miami) y encontramos un hotel con alberca (pileta) a precio rebajado por ausencia de huéspedes después de caminarnos todo Acapulco a pleno sol. Aprovechamos para descansar y darnos un chapuzón en la alberca mientras planeábamos el último dedo al DF.

En la mañana del jueves salimos a la ruta después de dudar si hacer dedo en la autopista o en la libre (sin peaje y más transitada). Caminar de una a la otra nos llevó más de lo planeado y, finalmente, llegamos al peaje de la autopista. Pasó un rato hasta que nos levantaron y nos dejaron a media hora en plena autopista. Por suerte Jaime y su camión con 50 toneladas de Diesel se apiadaron de nosotros (a todo esto Juli iba retorcida de dolor a causa del picante del día anterior) y nos llevó a 30 km por hora hasta Chilpancingo. Al sol de las 2 nos dejó en una Pemex (la YPF de acá) y al toque, Aurelio, un viejete personaje cantador, nos llevó a Cuernavaca, a 100 km del DF. Hasta ahí llegó nuestra aventura a dedo por México ya que, después de casi 2 horas de intentar que nos levanten el poco trecho que faltaba (ya habíamos recorrido 260 km) y con el atarceder que se nos venía, nos subimos al bus para asegurar nuestro arribo a la gran ciudad.


La costa de Acapulco en el atardecer, desde el Mangrullo
Llegamos a la terminal sur y al no poder comunicarnos con los amigos de Sabri que viven acá nos metimos en el mail esperando la respuesta de Antonio, el amigo del sobrino de un cliente del garaje de Fede. Para alegría nuestra nos encontramos con indicaciones precisas y hasta un mapa para que lleguemos bien a su casa. Despúes de 1 hora y media de metro alguien nos llamó al salir de la estación: era Antonio que hasta nos había venido a buscar!


La Casa Azul desde el jardín, las obras y los objetos no se podían fotografiar

Del DF conocimos el Zócalo, paseamos por el centro histórico, fuimos al bosque de Chapultepec (una reserva de 700 hectáreas en plena ciudad), visitamos el interminable Museo de Antropología, peregrinamos a la Basílica de Guadalupe (misión cumplida Lita!) y la casa-museo donde vivieron Frida y Diego Rivera, entre otras cosas. La verdad que más no podíamos haber hecho, ya no nos daban las piernas para caminar. Del metro, ¿que decir? lo recorrimos de punta, de combinación en combinación, nos dejó de cama.


El Zócalo del DF, con la bandera más grande de todas


La última visita a las ruinas del viaje se nos dio de una manera muy especial. Decidimos ir un domingo para evitar el metro en hora pico y nos encotramos con la grata sorpresa de que Antonio y su familia decidieran acompañarnos. El resultado no podía haber sido mejor, salimos pasadas las 7 en la camioneta de Raymundo, el papá, que nos hizo de guía turístico todo el camino. También vinieron Reyna y Sergio, sus hermanos, Guadalupe (la mujer de Sergio) y los chicos: Mariana, Ulises, Viri y Yessi (sobrinos de Antonio). Entre todos escalamos las pirámides del Sol y de la Luna (las más grandes de América), caminamos la Calzada de los Muertos con sus casi 4 km de extensión y hasta nos invitaron a almorzar unos riquísimos tacos dorados. Regresamos a media tarde todos muy cansados y contentos de haber podido compartir esta excursión en familia.


La Pandilla de Teotihuacán: Fede-Ulises-Sergio-Antonio y Raymundo

La verdad es que nosotros nunca imaginábamos sentirnos tan bien recibidos y cómodos en la casa de Antonio y su familia para quienes solo tenemos palabras de agradecimiento por el modo en que nos brindaron su calidez y nos abrieron las puertas de su hogar. No nos queremos olvidar de mencionar a Petra, la mamá de Antonio, que el domingo se quedó descansando pero siempre nos brindó su sonrisa y nos deleitó con los más ricos platos típicos de México (probamos el mole, los nopales, las tunas, carne enchilada, panes dulces con chocolate caliente, en exclusivo la papaya, las nieves y más). No pudimos rechazar la invitación para probar el tequila, un clásico de acá.


La Pirámide del Sol en la mañana de Domingo

Bueno, hasta acá llegamos subiendo, termina una etapa del viaje (fueron 3 meses y medio de camino hasta el DF) y ahora volvemos a Lima (en avión, gracias a la familia que nos quiere cerca) para reencontrarnos con Norma en el convento, será un breve paso por la capital para empezar la recorrida por el sur de Perú. Pasamos del verano al invierno sin escalas y con las mismas ganas de seguir conociendo lugares...

La Foto de La Semana


La cabezota de piedra para los enfermos de Los Simpsons

La Yapa

El enjambre del Metro donde las mujeres y los niños tienen vagones exclusivos y se arman estos laberintos para que no se agolpen todos en las bocas, una jungla

domingo, 15 de junio de 2008

Zipolite No Problem

Nuestro amigo, el Forrest Gump nudista que iba y venía todo el tiempo sin pudores


Por primera vez pagamos un bus de larga distancia en México: de San Cristobal a Oaxaca, 13 hs. por caminos de montaña. Llegamos a la mañana y desayunamos unas tostadas en la plaza central rodeados de un campamento de trabajadores, con feria y pancartas de fondo. Los dos días que pasamos en la ciudad se pueden resumir diciendo que recorrimos lo que nos permitió el tiempo (la lluvia no se quería ir) y aprovechamos la cocina del hostal para variar el menú y dejar las tortillas unos días.


En la mañana del lunes, sin ningún apuro (aprendimos que salir temprano a hacer dedo no tiene mucho sentido), fuimos a la terminal para, como siempre, tomar un bus que nos deje en la ruta y, para nuestra sorpresa, el colectivero ofreció llevarnos casi todo el camino por unos pesos más. A pesar de los diez días de lluvia, queríamos conocer la costa del Pacífico y nada nos iba a detener. Agarramos viaje y nos subimos a lo que quedaba de su micro (los asientos se despedazaban a cada salto producto de la carencia de amortiguadores).




Otra ciudad colonial de México, ya en el anochecer

El viaje fue más largo y pesado de lo que pensábamos: lluvia, subidas, bajadas, paradas a que "el chofer se tome un cafecito", mareos por comer atún en esa calesita. Encima nos dejó en "La Soledad", un paraje en el medio de la montaña cuyo nombre no podía estar mejor puesto. Imposible hacer dedo desde ahí, llovía a cántaros. Por suerte, a los 5´, otro bus similar nos recogió y nos llevó 2 horas más hasta Pochutla y ahí no quedó otra que pagar un taxi a Zipolite a donde llegamos con las últimas luces cerca de las 21hs. Por lo menos ya no llovía...

Después de pasar la noche en una cabañita frente al mar (no era más que una cama entre 4 paredes de madera húmeda y techo de paja) salimos a buscar algo más acorde a nuestro ajustado presupuesto. El resultado fue mucho mejor de lo esperado: carpa por $2 dólarres en "A Nice Place on the Beach", un bar-restaurant con cabañas, camping y la mejor onda de su dueño, Felipe, un extrangero que cumplió el sueño de poner un bar a metros del bar. Y para nuestra mayor felicidad, veíamos nuevamente el sol que tanto extrañábamos.



Antes Después
El Juego de las Diferencias: se bancó la tormenta en Tulum pero se bajoneó cuando la volvimos a armar, por suerte la reparamos.


Pasamos 4 días ahí, uno más lindo que el otro, nos levantábamos pasadas las 8, desayuno frente al mar en un honguito de paja, reposeras y sol todo el día, cena de nuevo frente al mar. Todo muy cerquita y muy cómodo, nunca imaginábamos estar así. El único detalle fue que al no poder cocinar nuestra base de alimentación fueron tortillas con tomate y, atún o choclo (ojo, una vez conseguimos champignones).




La hermosa rutina del mate con galletitas, en Zipolite

El sábado hicimos dedo los 80 km hasta Pto. Escondido y quien nos trajo nos comentó que Zipolite era LA playa nudista, con razón tanta gente en bolas...!


Llegamos a la ciudad y nos instalamos rápidamente en el primer hostal con camping que vimos: tenía cocina y estaba frente a la playa (por su precio y la heladera no hizo falta buscar otro).

Estamos negros de felicidad (aunque Fede no lo manifieste) en las playas de Pto. Escondido


Pasaremos tres días más de playa (con Juli metiéndose al mar en short porque se olvidó la bikini de abajo colgada de un árbol en Zipolite) y de ahí, por la carretera costera, seguiremos subiendo hasta Acapulco para luego tomar la autopista y llegar al último destino mejicano: el Distrito Federal.


El Video de la Semana



domingo, 8 de junio de 2008

Viento Dile a la Lluvia...


Se vino la fresca en San Cristóbal, apenas paró de llover, salimos a recorrer

De Playa del Carmen nos fuimos con muchas expectativas a Tulum, ya que nos habían dicho que no había hoteles, las playas eran más grandes y además podíamos acampar frente al mar. Como el pueblo estaba a 4 km de la playa, compramos comida para varios días con la idea de ya no volver.

Bajo el sol del mediodía, Gino, un tano dueño de un restaurant en la playa, nos levantó con las bolsas del super incluídas y nos llevó hasta el camping. Mientras Juli esperaba con todoslos bártulos, Fede fue a averiguar y volvió con una sonrisa de oreja a oreja: podíamos poner la carpa frente al mar en una playa desolada y sin pagar un peso. Felices nos instalamos, armamos el living con un sillón de tronco bajo una palmera y almorzamos sanguchitos.

La tarde la pasamos admirando la belleza del lugar: unos botecitos flotando sobre el caribe y, en los acantilados que comenzaban a nuestra izquierda, dos imponentes ruinas mayas que alguna vez fueron centinelas de toda la costa. Apreciarlas desde dentro del mar generaba asombro y escozor. De repente se nubló, y en menos de un minuto, se largó alto chaparrón. Nos refugiamos en un quincho y, a los 10´se asomaba de nuevo el sol. Nos miramos y dijimos: -Si va a llover así, no hay pedo güey!


El lugar espectacular pero el cielo ya anunciaba lo que vendría

Venía todo bárbaro, cenamos, salimos de la carpa a contemplar las extrellas, la noche era clara, no podíamos pedir más hasta que...

La tormenta arrancó antes de medianoche y en intervalos continuó hasta el amanecer. El cocktel era fatal: lluvia y un fuerte viento que venía directo del mar no nos dejó pegar un ojo ya que nos la pasamos sosteniendo la pequeña carpa y sacando agua con un jarrito cuando paraba. Quedamos acurrucados uno detrás del otro y esperar que pare fue lo único que pudimos hacer.

El segundo día amaneció nublado, no era una buena señal. De las 5 o 6 carpas que había alrededor sólo quedaban 2: la nuestra y la de un hippie que vivía ahí desde hacía 10 años, el resto eran vestigios de carpas destrozadas y abandonadas.

Nuestras ganas eran más fuertes que la realidad: armamos una defensa con una lona gigante y tres palos de madera para detener el viento más otro al costado de la puerta hecho con la bandera de Velez.

El día lo pudimos disfrutar pero se vino la noche...Desde las 7 una tormenta de viento azotó a la carpa sin tregua y no paró hasta el otro día. Por momentos parecía que íbamos a salir volando con carpa y todo. Por suerte las defensas construídas funcionaron: la carpa no se inundó y dormimos algunas horas.

Vámonos de acá fue lo primero que dijimos en cuanto amaneció. El mar, que hasta la noche anterior se mantenía a 150 mts. ahora estaba a menos de 50, y de las defensas, sólo la bandera se mantenía en pie. Lo más rápido posible desarmamos todo entre un remolino imparable de viento y con la cabeza baja, decicimos ir al pueblo y abandonar nuestra utopía.

De pasada nos encontramos con "La Nena" y sus tripulantes y fuimos a las ruinas con ellos. Eran impagables, ¡la vista que tenían esos muchachos!


Nótese lo arruinados que quedamos después de 2 noches sin descansar

Otra vez solos volvimos al pueblo en busca de una ducha y una cama (ya la lluvia era una constante) y nos preparamos para, la mañana siguiente, hacer dedo para ir a Chiapas.

Salimos de Tulum el domingo a las 9 y el martes 4 am estábamos en San Cristóbal de las Casas, en el medio lo siguiente:
*Con Carlos en su Ford Lobo (alta camioneta) hasta Limones y con una flia. numerosa pero de gran corazón, los 70km que faltaban a Chetumal.
*Noche en la ciudad, y al otro día, bus otra vez a la ruta.
*Con León en su Ranger y clase de arqueología y botánica gratis, hasta un pueblito (?) y en la combi de un paisano hasta Escárcega, con anécdotas de su vida de trabajador sin papeles en USA.
*Atardecer en un cruce de rutas a casi 200 km de Palenque con el fastidio de Juli por no llegar y el caradurismo de Fede para encarar a una pareja de yankis entrados en años que con su perrito y super camioneta, salían de un Burger King.
*Tras negativa en inglés de la señora, nos fuimos resignados a seguir haciendo dedo pero...Bocinazos de Mike que se copó y nos levantó.
*Interminables "thanks" y "you saved us" de nosotros hasta llegar a Palenque (hasta nos regalaron un agua).
*Para cerrar: 30km de la entrada a la ciudad ya dando las 10pm en un taxi compartido y bus a San Cristobal a las 11.
*A las 4.30 del martes nos bajamos del bus y nos refugiamos en la terminal hasta que amaneció. Habíamos recorrido a dedo 800km y en bus otros 300 más en poco más de un día, nos merecíamos un descanso.



Un lujito que nos dimos, cafecito con leche frente a la plaza

Por suerte no tuvimos que salir de la terminal para encontrarlo, Erika, dueña del Hostal Casa Jardín, nos hizo una oferta imposible de rechazar: taxi, desayuno, internet y ambiente familiar por 6 dólares la noche. Arturo, el marido, y su super desayuno, nos dieron la bienvenida a esta ciudad colonial del sur de Chiapas. Nos bañamos y a dormir, no importó que el reloj diera las 9 am.


Juli en territorio Zapatista, con la escuela detrás

Pasamos 4 días en la ciudad acompañados siempre por la lluvia pero no dejamos que nos impidiera disfrutar. Fuimos a un caracol a conocer a los zapatistas y pasamos el día escuchando de su boca la lucha por los derechos de los indígenas y recorriendo la escuela rebelde autónoma y el hosptial. Visitamos San Juan Chamula, un pueblito aborigen a 10 km, que se caracteriza por su propia adaptación de la religión católica. Su iglesia no tenía bancos, las autoridades son los chamanes pero se veneran a los mismos santos. Fue muy impactante observar de cerca sus manifestaciones de fe: cientos de velas encendidas, la gente arrodillada sobre fardos de pasto haciendo sus ofrendas de comida y bebidas.


Degustando el desayuno de Arturo: omelet con queso, ¿está rico Juli?

Nos fuimos de San Cristóbal con la panza llena y el corazón contento por la amabilidad de Erika y Arturo, y los ojos repletos de imágenes únicas de una cultura que lucha por sobrevivir, por sus derechos, sus tierras y su libertad.


La extraña Iglesia de San Juan Chamula, adentro no se podían sacar fotos

Ahora nos vamos a Oaxaca (se escribe Oaxaca, se pronuncia Guajaca) la tierra del mezcal.

Ya cumplimos 3 meses y la Gira continúa...

La Foto de la Semana



En la Biblioteca conocimos otra manera de aprender



El libro de matemáticas realizado por ellos, su tirada era de 50 ejemplares

martes, 3 de junio de 2008

Con "La Nena" Llegamos a Cancún

Unos mates para pasar la tarde en Playa del Carmen


Después de pasar dos días en Mérida disfrutando de las comodidades del Hostal Nómadas, partimos a la ruta con destino a Valladolid, el pueblito más cercano a las ruinas de Chichén Itzá. Para llegar, tomamos un bus por 0,60 cts. que nos tenía que sacar de la ciudad, pero nos quedamos dormidos y garroneamos casi medio viaje. Nos dejó en medio de la nada obligándonos a tomar el próximo una hora más tarde. El destino más cercano eran las ruinas, así que aprovechamos su gran playa de estacionamiento para hacer dedo y llegamos a media tarde a Valladolid en una 4x4.



Caripelas por 2000 consencuencia del desayuno incluído tempranero


En este pueblito colonial paramos en lo del "Negro" Antonio Aguilar, un lugar difícil de describir (Un estacionamiento con habitaciones y cancha de fútbol). Pasamos los dos primeros días gestionando el trucheo de las credenciales de estudiantes de posgrado que gracias a Sabri, Caro, Seba, Gonza/Juli y Martio (el autor material) logramos obtener y así garantizarnos la entrada gratuita a todas las ruinas y museos.



Nuestros "banquitos" de Valladolid, excelentes para las tardes/noche de charla


Tuvimos una estadía muy cultural ya que la ciudad estaba de fiesta por su 465 aniversario. Asistimos a una noche de trova y poesía donde el protagonista fue el musicalizador que impacientaba a los músicos por su cuelgue natural (ponía play y se desentendía de la situación). Reencuentro con Caro de por medio fuimos a la inauguración de una muestra fotográfica sobre puertas (muy buena) aunque mejor estuvieron los entremeses y las bebidas de cortesía (Caro no pudo decir lo mismo, su vegetarianismo le impidió probar bocado).


Minutos antes por ese cielo vimos pasar un cometa y nos dieron ganas de subir



El domingo con las credenciales en la mano y sin más problemas que la cagada a pedos del chofer a Fede por "romper un poquito" el buche del micro, nos fuimos a visitar una de las nuevas 7 maravillas del mundo. Llegamos un poco tarde y no pudimos recorrerlas del todo, pero a caballo regalado...(Caro no pudo decir lo mismo, había pagado 10 dólares). Lo mejor fue el show de luces y sonido de la noche; fueron las únicas ruinas que disfrutamos bajo las estrellas. Otra vez en el estacionamiento, hicimos dedo para ir a Cancún pero nadie iba ahí, no tenía que ser.




Por culpa de una anciana atrevida que falleció en la cima años atrás, no pudimos subir


Nos despedimos de Caro en la parada de bus de Pisté (paraje a 1 km de Chichén) y, por propia voluntad, pasamos la noche en la comisaría (en realidad acampamos en un playón atrás). Apenas dieron las siete salimos de raje con destino Carribe y ni tuvimos que hacer dedo. Delante de nuestros ojos un motorhome con bandera de Argentina se detuvo y nos tiramos de cabeza.
Ya dentro de "La Nena" (bautizada así por sus cuatro dueños) nos encontramos tomamdo mate con un grupo de amigos (todos argentinos) que estaban cumpliendo el sueño del pibe: de USA (ahí la juntaron laburando en un centro de sky) a Argentina en Motorhome super equipado.




¿Quién pudiera no? largar todo por un tiempo y recorrer el mundo...


Como también iban al Caribe pasamos todo el día con ellos: fuimos a un cenote (espejo de agua pura subterránea únicos en el mundo-habíamos visitado otro dentro de Valladolid pero parecía una pileta municipal). Paramos a comer, visitamos Cancún y, ya de noche, llegamos a Playa del Carmen. Como era tarde también dormimos en La Nena (nos tocó la suite del segundo piso) y, al otro día, nops instalamos en la ciudad más cara de México (según el pirata de Lanús que atendía el hostal).





Pudimos nadar sobre la luz del mediodía que caía de lleno en la grieta


Nos encontramos con un mar increíble mezcla de verde, azul y turquesa, arena blanco ala pero también con miles de turistas y super hoteles que invadían el paisaje (en uno de ellos descansaba carlitos Tevez y flia. después de taanto laburo). Así todo nos pasamos dos días de playa hermosos en un lugar distinto a todo lo que habíamos visto hasta ahora. Además tuvimos la suerte de conocer a Seba, Marian, Maxi y Leo, cuatro muy buenas personas que nos dieron una mano enorme y nos permitieron compartir con ellos algunos de los miles de kilómetros que tienen por recorrer (también tienen su blog eh! : http://lanenacruzaamerica.blogspot.com/).
El próximo destino es Tulum, donde nos despediremos del Caribe...


La Foto de la Semana


La Policía tiene el mismo lema en todos los países "Al servicio de la Comunidad"