miércoles, 21 de mayo de 2008

Rutas Mexicanas Hasta el Fin


El Golfo de México desde la cabina del camión de Álvaro


Volvimos de Tikal y con los últimos quetzales compramos comida y dimos lástima en un hostal para que nos dejen dormir a casi mitad de precio. Arrancamos bien temprano (5 AM) para la frontera con una larga caminata hasta la terminal. Ahí nos encontramos con Caro nuevamente (compró boleto hasta México y la dejaron abandonada en la terminal). Los tres juntos emprendimos el camino más esperado...

Las primeras tres horas en bus hasta migración, sin problemas (durmiendo, escuchando música, desayunando). En migración nos sellaron la salida de Centroamérica y para no perder la costumbre, nos cobraron 10 dólares andá a saber por qué. El bus siguió hasta Bethel, el último pueblo y ahí quedamos más de una hora varados esperando la combi que nos lleve a "La Técnica", el paso fronterizo. En el interín Fede quiso cambiar dólares a pesos mejicanos y ahí se dio cuenta que los de migración no le habían dado el vuelto (pagó con 20). Entre desesperación e impotencia se fue caminando por la ruta a pleno sol, sin nada que perder, de vuelta a migración.



Otro premio por madrugar, el amanecer en la isla de Flores

A los 5´ entre el polvo del camino, apareció velozmente una moto piloteada por un pibito de 10 años cargando a Fede y su sonrisa atrás: Misión cumplida, valió la pena no darse por vencido.

Casi al mediodía llegó la combi, ya estaba llena. Como en ese lugar (no era ni un pueblo) no nos queríamos quedar ni un seg. más, subimos como pudimos (Juli en un banquito con Caro a upa, Fede entre parado y agachado). Igualmente, no sabemos cómo, en el camino subieron 5 personas más. La combi nos dejó a la vera del río así que tuvimos que cruzar en una precaria "canoa con motor" con la compañia de un colombiano que muy contento intentaba entrar de ilegal.

De ahí a migración mejicana donde empezó una novela inesperada. No nos sellaron la entrada porque no tenían formas migratorias (lo único que tiene que haber en un puesto de migración) y nos mandaron a la de Palenque ( nuestro próximo destino).



Me dicen el clandestino, por no llevar papel...

Llegar a Palenque demoró otras 3 hs. más a rayo partido, llegamos a la tarde casi deshidratados. Como el pueblo no era gran cosa fuimos a alojarnos al Panchán (reducto turístico en el medio de la selva a pocos Km del pueblo). El lugar, mágico: cabañas, restaurantes atravesados por riachos y puentes rodeados de la espesa vegetación, bichos de todos los colores y tamaños (por las noches el grito leonino de los monos interrumpía nuestro sueño). ¿Dónde nos quedamos? en el camping hippie. Cerebramos nuestra ansiada llegada física pero no legal, con quesadillas en "Don Muchos".

A la mañana siguiente decidimos resolver de manera definitiva nuestra situación legal. "YO de acá sin el sello NO me voy" afirmó Fede apenas llegamos a la oficina que estaba a más de 10 km. de Palenque, en el medio de la nada. Resultado: discusiones acaloradas con la secretaria de turno, que tampoco tenía formas ni nos podía sellar y nos preguntaba por el próximo destino para que selláramos allí. Pataleamos hasta conseguir hablar con el encargado gral. luego de esperar más de 30´ rodeados de ilegales, algunos dentro del calabozo y otros afuera.


Una temporada entre bichos y flores

Nos fuimos de migración con la promesa de que el lunes (era sábado) llegarían desde no sabemos donde las benditas formas. Del sello, ni noticias.

El domingo lo aprovechamos para visitar las ruinas de Palenque, mucho más pequeñas que Tikal, pero con un museo muy interesante que valió la pena recorrer. El calor y la humedad (120%) eran insoportables, nos acostumbramos a transpirar, bañarse no servía de mucho, además se complicaba porque no había agua en las duchas estilo Cabo Polonio (nos la rebuscamos con 3 botellas de 1.5 lt. cada uno) . El alivio llegó por la tarde después de muchos truenos, llovió y refrescó. Nos tuvimos que mudar bajo techo al quincho donde paraban los malabaristas y artesanos del lugar. Sacamos el mate y estuvo buenísimo, había 2 parejas: una uruguaya con un argentino y una chilena con su hijita Ambar.



De picnic bajo la Ceiba custodiados por el Palacio de las Escrituras


Hace tiempo veníamos preocupados por los precios de los buses mejicanos (al punto de hacer peligrar nuestro escaso presupuesto). Estos chicos nos dieron la solución: "ir de ride" (entre nos a dedo). El lunes a la mañana, otra vez a migración, por suerte con final felíz: sello y forma para los 2. Ya legales, nos mejicanizamos al toque y compramos tortillas, frijoles, nachos y demás.

Nos pasamos la tarde transpirando en el camping y haciéndole el aguante a Caro que salía a la noche para las playas. Desde esa mañana en la terminal de Flores habíamos sido 3, compartiendo mates, ruinas, caminatas y calores. Nos despedimos con la promesa del reencuentro en alguna parte de la península de Yucatán.


Que caripela, pa tener 1500 años se conserva bastante bien

A la mañana siguiente partimos temprano a la ruta para hacer dedo, método hasta ahora no utilizado. Teníamos 2 opciones ya que la ruta de dividía: Mérida (a 500 km. en el Golfo de México) o Tulúm (en el Caribe, un poquito más lejos). El destino quiso que fuera la primera, a la media hora de esperar nos levantó un camión que iba a Campeche, a 200 km. de Mérida. Casi a las 3 pm. estabamos de nuevo en la ruta. Para nuestra grata sorpresa una coupé Seat Ibiza con Isabel "la fierrera" al volante, y su fiel compañero "chispita" nos llevaron con aire acondicionado a gran velocidad hasta la mismísima catedral de Mérida. Tardamos en total menos que el bus, 17.45 ya estábamos hospedados en el mejor hostal del lugar, con la enorme alegría que sólo el sabor a gratis puede dar.

Acá termina la primera edición de la telenovela mejicana, no cambien de canal.

La Foto de la Semana


El ritual de tambores y fuego de cada noche en Panchán, protagonizado por nuestros vecinos

jueves, 15 de mayo de 2008

Tikal: El paraíso escondido de los Mayas


La despedida de Guatemala a todo trapo


La semana la habíamos empezado en el lago Atitlán, donde aprovechamos para no hacer nada, salvo las olbigadas excursiones al mercado y alguna otra caminata a orillas del lago (muy lindo pero nada que ver con los lagos del sur). Estuvimos en Panajachel, San Marcos y San Pedro (aunque nos quedaron varios santos por conocer).


La mejor vista del lago la tuvimos desde el bus cuando nos íbamos, a las 6 am


En San Marcos, un laberinto de corredores y pasillos donde reinaba la tranquilidad, pasamos una noche y conocimos a Carolina, una votante más del PO en las últimas elecciones (¿ves Gonza adonde tenés que proyectar las últimas vacaciones?).

En 10´de lancha llegamos a San Pedro, pueblo al pie de un volcán, donde elegimos el hostal por el parque pero sin notar la extrema dureza de sus camas (tuvimos que juntar los 2 colchones para hacer medio). Encima una vez que pagamos nos dimos cuenta que salía en ese momento una excusrión al volcán a precio regalado (incluyendo acampar en la cima). Nos perdimos la única posibilidad accesible de subir al volcán, nos conformamos con mirarlo desde abajo.

El lunes temprano nos fuimos a Cobán haciendo escala en la capital. No sabemos bien porqué decidimos ir allí, el lugar era horrible y, para colmo, nos recibió el granizo apenas bajamos del bus y una tormenta de 1 hora y media que nos retuvo en la terminal. Cuando mermó el aguacero salimos de la cueva a buscar hotel, sin muchas expectativas, elegimos por el precio pero nos encotramos con una grata sorpresa: tenía una parrilla casi desubicada en un rincón del patio. Fede se emocionó y arrastró a Juli por toda la ciudad en busca de carbón y de algo para asar. Lo mejor que conseguimos fue pollo (por suerte no vivo como lo compran acá) limones y tomates para la ensalada, de yapa teníamos una cabeza de ajo bajo la manga que no dudamos en poner. Nunca hasta entonces nos habíamos sentido tan cerca de casa, los olores y sabores eran inconfundibles. Con ese buen sabor nos fuimos la mañana siguiente rumbo a Flores.

El viaje fue largo y cansador, empezó con una larga caminata bajo el sol y nos pasamos 6 horas de combi en combi hasta llegar. Nos encotramos con un mini pueblo en una mini isla en el pintoresco lago Petén Itzá. Nos hospedamos una noche mientras hacíamos los preparativos para visitar las ruinas de Tikal (a 1:30 hs. de Flores).



A este subimos por una escalerita de pintor no apta para cardíacos

Planeamos acampar en el parque nacional, así aprovechamos 2 días la excursión. Para ello nos aprovisionamos de: 9 mangos (la fruta, no la plata), 8 bananas, 2 libras de tomate, 1 lata de choclo, 1 palta, mucho pan, mayonesa y galletitas.

Llegamos a Tikal a las 4 pm, armamos la carpa y fuimos a ver el atardecer a las ruinas (les sacamos el jugo ya que el ticket valía para 2 días si lo comprabas después de las 3). Pasamos una noche única en medio del bosque rodeados como nunca hasta ahora de tanta naturaleza (vimos monos, ardillas, mapaches, muchas aves). Afortunadamente había luna y pudimos ver lo que comíamos, el camping no tenía luz.


Siguiendo al Fortín yo llegaré lejos...tan lejos como pueda llegar!


Al otro día amanecimos a las 5 (los pájaros daban un concierto aturdidor) y entramos a las ruinas antes de las 6. Los Mayas, nada que ver con los Incas. El lugar era un bosque/selva gigante que caminamos durante casi 5 horas pasando por las pirámides más altas de América. Fede subió a muchas, Juli a varias (pero qué varias!). Almorzamos en unos quinchos del lugar (un día a puro mango) y a las 14 hs. desarmamos la carpa y volvimos a Flores en una combi que se arrastró 60 km. dando lástima en cada loma.



Tuvimos que subir hasta la cima del templo más alto, ¿valió la pena?


Aclaración: muy lindo el pueblo, las ruinas alucinantes, ahora...el calor que pasamos fue...puf, mamita! No hubo galón de agua que alcanzara para saciar la sed, in-fer-nal. Pese a todo esto, valió mucho la pena, lo más lindo de Guate.

¿Y ahora adonde? Ahora a México...

El Plato de la Semana

Un asadito en Guatemala, ¿quién lo hubiera imaginado?


El backstage de la gran cena


El fuego no quiere prender ¿será porque no hay madera?



No Fede! con Off noo!! Menos mal que nos prestaron una vela (si, una simple vela) y prendió...

miércoles, 7 de mayo de 2008

Rodeados de Volcanes


Cuidado que a ver si tapamos el volcán!



La última semana fue el cierre de un mes muy movido, unimos Ecuador y Guatemala en poco más de 30 días (pasamos de dólares a pesos colombianos, balboas, colones, córdobas y....quetzales! -¿quétzale la tita sofi?). Habíamos dejado la promesa de visitar San Juan del Sur y allí fuimos, pasamos 2 días muy tranquilos en la playa volviendo a disfrutar de los atardeceres en el mar. Nos sorprendió la paz del lugar cuando, a eso de las 11 de la noche, nos asomamos al pórtico del hotel y vimos la calle desierta (como una escenografía de película) que daba a la costa solo adornada por unos pintorescos farolitos.

Partimos temprano a Managua con la misma idea con la que habíamos ido a San José: sacar pasajes para el próximo día (no nos gustan las capitales y de esta no teníamos buenas referencias) y tratar de disfrutar el mientras tanto. Sabiendo que había pasaje directo a Guatemala en un día, optamos por saltear Honduras porque ir hasta sus playas era costoso y, por lo que nos contaron, nada imperdible.

Llegamos a la capital de Nicaragua y fuimos directo a sacar pasajes: a favor, conseguimos, en contra, eran las 11 am y el bus salía a las 2.30 de la madrugada.
Los sacamos: a favor, no nos tuvimos que hospedar, en contra: tuvimos que hacer huevo 14 horas...Por suerte frente a la terminal había un shopping así que"acampamos" en el patio de comidas 10 horas. ¿Y a la noche? Cansados de hacer nada (aprovechamos para terminar la novela y jugar a las cartas) cruzamos a la Esso 24 hs. para cenar y seguir esperando a que se haga la hora (para que vean que no todo es Caribe y hamacas).

Finalmente abordamos el bus y nos desmayamos al tocar los asientos. Dormimos todo el viaje y solo-sonámbulos- entregábamos los pasaportes o bajábamos a las aduanas cada vez que había una frontera (muchas ya que pasamos un toque por Honduras y atravesamos todo El Salvador).

A Ciudad de Guatemala llegamos a las 5, nuestra idea era seguir para Antigua pero ya no había buses. Por suerte en el viaje conocimos a José, un vasco viejo, radicado en este país hace ya 18 años. Fuimos los tres a un hostal que el conocía, cercano y tranquilo, donde cenamos pizza a domicilio con cerveza (las más caras de nuestra vida por no estar al tanto del cambio local).


Sólo quedó la fachada de la Iglesia, hacer zoom para ver que pasó con los santos

Después de sacarle provecho al desayuno incluído, nos fuimos contentos para Antigua, la capital en tiempos de la colonia, rodeada de volcanes y azotada por varios terremotos. Fuimos a para a "El viejo Danés", un hostal muy tranquilo pero medio antro (tenía pinta de negocio de tatuajes al fondo de alguna galería porteña). David, el encargado venido de italia, nos trató muy bien pero tuvimos que soportar los irreproducibles delirios proféticos de Nestor "Osyris" durante 2 horas mientras intentábamos tomar mate y conteníamos la risa (igualmente cada tanto se nos escapaban las carcajadas).



Fue más fuerte que él, demasiada nave para dejarla pasar

Juli no se quedó atrás, ¿quizás un presagio de lo que vendrá?


Pasamos 2 días en Antigua disfrutando de sus calles adoquinadas, sus casas coloniales y recorriendo las ferias artesanales. Estuvimos más turistas que nunca deslumbrados por la arquitectura del lugar y nos la pasamos sacando fotos.

Con ustedes el arco de Antigua


Ayer nos mudamos a la zona del lago Atitlán (paramos en Panahachel) donde actualmente estamos, con la idea de visitar los pueblos que lo rodean, entre ellos San Pedro, donde vive José.

Esta entró por la ventana, la sacamos un rato antes de venir al cyber


Como sucedió con Ecuador, por las cortas distancias y los lugares a recorrer, esperamos pasar unos cuantos días en Guatemala a la espera de nuestro ansiado destino final: México.

Ah! como olvidarlo...En su segundo intento por bajar a hacer pis en la ruta (los bondis de Otto no tienen baño) Fede tuvo que padecer la presión del chofer que le aceleraba y tocaba bocina. Pero a diferencia de lo sucedido en Ecuador, esta vez tuvo que correr al micro y colgarse de la puerta trasera para no quedar abandonado en la ruta...

El Plato de la Semana
Cara de circunstancia ante el menú del mercado, jugo de Tamarindo para Fede, de Linaza (¡?) para Juli