El Golfo de México desde la cabina del camión de Álvaro
Volvimos de Tikal y con los últimos quetzales compramos comida y dimos lástima en un hostal para que nos dejen dormir a casi mitad de precio. Arrancamos bien temprano (5 AM) para la frontera con una larga caminata hasta la terminal. Ahí nos encontramos con Caro nuevamente (compró boleto hasta México y la dejaron abandonada en la terminal). Los tres juntos emprendimos el camino más esperado...
Las primeras tres horas en bus hasta migración, sin problemas (durmiendo, escuchando música, desayunando). En migración nos sellaron la salida de Centroamérica y para no perder la costumbre, nos cobraron 10 dólares andá a saber por qué. El bus siguió hasta Bethel, el último pueblo y ahí quedamos más de una hora varados esperando la combi que nos lleve a "La Técnica", el paso fronterizo. En el interín Fede quiso cambiar dólares a pesos mejicanos y ahí se dio cuenta que los de migración no le habían dado el vuelto (pagó con 20). Entre desesperación e impotencia se fue caminando por la ruta a pleno sol, sin nada que perder, de vuelta a migración.
Las primeras tres horas en bus hasta migración, sin problemas (durmiendo, escuchando música, desayunando). En migración nos sellaron la salida de Centroamérica y para no perder la costumbre, nos cobraron 10 dólares andá a saber por qué. El bus siguió hasta Bethel, el último pueblo y ahí quedamos más de una hora varados esperando la combi que nos lleve a "La Técnica", el paso fronterizo. En el interín Fede quiso cambiar dólares a pesos mejicanos y ahí se dio cuenta que los de migración no le habían dado el vuelto (pagó con 20). Entre desesperación e impotencia se fue caminando por la ruta a pleno sol, sin nada que perder, de vuelta a migración.
Otro premio por madrugar, el amanecer en la isla de Flores
A los 5´ entre el polvo del camino, apareció velozmente una moto piloteada por un pibito de 10 años cargando a Fede y su sonrisa atrás: Misión cumplida, valió la pena no darse por vencido.
Casi al mediodía llegó la combi, ya estaba llena. Como en ese lugar (no era ni un pueblo) no nos queríamos quedar ni un seg. más, subimos como pudimos (Juli en un banquito con Caro a upa, Fede entre parado y agachado). Igualmente, no sabemos cómo, en el camino subieron 5 personas más. La combi nos dejó a la vera del río así que tuvimos que cruzar en una precaria "canoa con motor" con la compañia de un colombiano que muy contento intentaba entrar de ilegal.
De ahí a migración mejicana donde empezó una novela inesperada. No nos sellaron la entrada porque no tenían formas migratorias (lo único que tiene que haber en un puesto de migración) y nos mandaron a la de Palenque ( nuestro próximo destino).
Casi al mediodía llegó la combi, ya estaba llena. Como en ese lugar (no era ni un pueblo) no nos queríamos quedar ni un seg. más, subimos como pudimos (Juli en un banquito con Caro a upa, Fede entre parado y agachado). Igualmente, no sabemos cómo, en el camino subieron 5 personas más. La combi nos dejó a la vera del río así que tuvimos que cruzar en una precaria "canoa con motor" con la compañia de un colombiano que muy contento intentaba entrar de ilegal.
De ahí a migración mejicana donde empezó una novela inesperada. No nos sellaron la entrada porque no tenían formas migratorias (lo único que tiene que haber en un puesto de migración) y nos mandaron a la de Palenque ( nuestro próximo destino).
Me dicen el clandestino, por no llevar papel...
Llegar a Palenque demoró otras 3 hs. más a rayo partido, llegamos a la tarde casi deshidratados. Como el pueblo no era gran cosa fuimos a alojarnos al Panchán (reducto turístico en el medio de la selva a pocos Km del pueblo). El lugar, mágico: cabañas, restaurantes atravesados por riachos y puentes rodeados de la espesa vegetación, bichos de todos los colores y tamaños (por las noches el grito leonino de los monos interrumpía nuestro sueño). ¿Dónde nos quedamos? en el camping hippie. Cerebramos nuestra ansiada llegada física pero no legal, con quesadillas en "Don Muchos".
A la mañana siguiente decidimos resolver de manera definitiva nuestra situación legal. "YO de acá sin el sello NO me voy" afirmó Fede apenas llegamos a la oficina que estaba a más de 10 km. de Palenque, en el medio de la nada. Resultado: discusiones acaloradas con la secretaria de turno, que tampoco tenía formas ni nos podía sellar y nos preguntaba por el próximo destino para que selláramos allí. Pataleamos hasta conseguir hablar con el encargado gral. luego de esperar más de 30´ rodeados de ilegales, algunos dentro del calabozo y otros afuera.
A la mañana siguiente decidimos resolver de manera definitiva nuestra situación legal. "YO de acá sin el sello NO me voy" afirmó Fede apenas llegamos a la oficina que estaba a más de 10 km. de Palenque, en el medio de la nada. Resultado: discusiones acaloradas con la secretaria de turno, que tampoco tenía formas ni nos podía sellar y nos preguntaba por el próximo destino para que selláramos allí. Pataleamos hasta conseguir hablar con el encargado gral. luego de esperar más de 30´ rodeados de ilegales, algunos dentro del calabozo y otros afuera.
Una temporada entre bichos y flores
Nos fuimos de migración con la promesa de que el lunes (era sábado) llegarían desde no sabemos donde las benditas formas. Del sello, ni noticias.
El domingo lo aprovechamos para visitar las ruinas de Palenque, mucho más pequeñas que Tikal, pero con un museo muy interesante que valió la pena recorrer. El calor y la humedad (120%) eran insoportables, nos acostumbramos a transpirar, bañarse no servía de mucho, además se complicaba porque no había agua en las duchas estilo Cabo Polonio (nos la rebuscamos con 3 botellas de 1.5 lt. cada uno) . El alivio llegó por la tarde después de muchos truenos, llovió y refrescó. Nos tuvimos que mudar bajo techo al quincho donde paraban los malabaristas y artesanos del lugar. Sacamos el mate y estuvo buenísimo, había 2 parejas: una uruguaya con un argentino y una chilena con su hijita Ambar.
El domingo lo aprovechamos para visitar las ruinas de Palenque, mucho más pequeñas que Tikal, pero con un museo muy interesante que valió la pena recorrer. El calor y la humedad (120%) eran insoportables, nos acostumbramos a transpirar, bañarse no servía de mucho, además se complicaba porque no había agua en las duchas estilo Cabo Polonio (nos la rebuscamos con 3 botellas de 1.5 lt. cada uno) . El alivio llegó por la tarde después de muchos truenos, llovió y refrescó. Nos tuvimos que mudar bajo techo al quincho donde paraban los malabaristas y artesanos del lugar. Sacamos el mate y estuvo buenísimo, había 2 parejas: una uruguaya con un argentino y una chilena con su hijita Ambar.
De picnic bajo la Ceiba custodiados por el Palacio de las Escrituras
Hace tiempo veníamos preocupados por los precios de los buses mejicanos (al punto de hacer peligrar nuestro escaso presupuesto). Estos chicos nos dieron la solución: "ir de ride" (entre nos a dedo). El lunes a la mañana, otra vez a migración, por suerte con final felíz: sello y forma para los 2. Ya legales, nos mejicanizamos al toque y compramos tortillas, frijoles, nachos y demás.
Nos pasamos la tarde transpirando en el camping y haciéndole el aguante a Caro que salía a la noche para las playas. Desde esa mañana en la terminal de Flores habíamos sido 3, compartiendo mates, ruinas, caminatas y calores. Nos despedimos con la promesa del reencuentro en alguna parte de la península de Yucatán.
Nos pasamos la tarde transpirando en el camping y haciéndole el aguante a Caro que salía a la noche para las playas. Desde esa mañana en la terminal de Flores habíamos sido 3, compartiendo mates, ruinas, caminatas y calores. Nos despedimos con la promesa del reencuentro en alguna parte de la península de Yucatán.
Que caripela, pa tener 1500 años se conserva bastante bien
A la mañana siguiente partimos temprano a la ruta para hacer dedo, método hasta ahora no utilizado. Teníamos 2 opciones ya que la ruta de dividía: Mérida (a 500 km. en el Golfo de México) o Tulúm (en el Caribe, un poquito más lejos). El destino quiso que fuera la primera, a la media hora de esperar nos levantó un camión que iba a Campeche, a 200 km. de Mérida. Casi a las 3 pm. estabamos de nuevo en la ruta. Para nuestra grata sorpresa una coupé Seat Ibiza con Isabel "la fierrera" al volante, y su fiel compañero "chispita" nos llevaron con aire acondicionado a gran velocidad hasta la mismísima catedral de Mérida. Tardamos en total menos que el bus, 17.45 ya estábamos hospedados en el mejor hostal del lugar, con la enorme alegría que sólo el sabor a gratis puede dar.
Acá termina la primera edición de la telenovela mejicana, no cambien de canal.
Acá termina la primera edición de la telenovela mejicana, no cambien de canal.
La Foto de la Semana
El ritual de tambores y fuego de cada noche en Panchán, protagonizado por nuestros vecinos