miércoles, 30 de abril de 2008

Con Bob en el Caribe Sur

No nos hicimos las rastas, nos hicimos los rastas



Una vez liberados del control de migración, en Ciudad de Panamá, inundados por una inmensa alegría, decidimos sacar pasajes a Bocas deToro y, en el tiempo que nos quedó (2, 3 horas) disfrutamos de Gringolandia.

Fuimos al Mall de enfrente de la terminal y encaramos directo al patio de comidas: con carrusel enorme en el medio, un trencito en miniatura que daba toda la vuelta al shopping...No se nos fueron los humos a la cabeza y logramos resistir a las tentadoras y caras ofertas gastronómicas, eligiendo un combo de pizza de pollo con coca (por cierto muy rico). Fede no pudo resistirse a la Dounkin´Donnuts: una rellena con crema de vainilla de postre.

Daban ganas de quedarse a vivir en Bocas de Toro, difícil explicar porqué...

Llegamos a Bocas de Toro en lancha al amanecer del 22. Fuimos a parar al mejor hostal del lugar, recién inaugurado, contaba con: plasma gigante (con home theatre), metegol, barra, hamacas, sillones, cocina a estrenar y la mejor onda. Además tuvimos el privilegio de ser los primeros argentinos en hospedarse.

Últimas imágenes del fernet, te vamos a extrañar...


Pasamos 2 días recorriendo las islas de alrededor y sus playas, lo único que empañó la estadía fue la pérdida del fernet recién abierto (Fede escuchó ruido y se encontró con Juli en el piso- la mesa encima- y lo primero que dijo fue: por Dios se rompió el FERNET!, Juli, estás bien?).

Disfrutando de la cerveza Imperial (premio consuelo) en las instalaciones del Hotel

Llegamos a la frontera de Costa Rica en lancha y bus. Nos encontramos con un puente precario, angosto, donde tuvimos que esperar que pasen los camiones para después cruzar caminando. Sin problemas en migración, íbamos contentos a sacar boletos para Puerto Viejo y, al llegar al mostrador, nos dimos cuenta de que no teníamos colones (moneda de ahí) y el billete más chico era de 100 dólares. Faltaban 5 minutos para que se vaya el bus y el banco más cercano estaba en Panamá...No nos quedó otra que correr desesperados a buscar a dos alemanes que habían cruzado con nosotros. Mientras Juli paraba al chofer, Fede desde abajo les pedía que nos paguen los pasajes, con la promesa de devolverles el dinero al llegar. Por suerte aceptaron amablemente pero tuvimos que seguir hasta Puerto Limón (lugar horrible). Les pagamos la deuda y otra vez al cole para Pto. Viejo.
El paseo artesanal de Puerto Viejo, más cerca de Kingston que nunca

Llegamos a las 4 y pico y nos encontramos con un pueblito de playa en el caribe sur costarricense. El lugar estaba plagado de negros rastas, se hablaba inglés y todo. El reggae era toda una institución. Se respiraba "aire de Jamaica" en todos lados. Como Sabri nos había dicho que era muy caro, llevamos provisiones: arroz, fideos y galletitas para 3 días. Buscando camping nos hicieron una oferta imposible de rechazar: poner la carpa en el pasillo-balcón de un hotel por tan sólo 3 dólares cada uno (la habitación valía $10 c/u).
Las playas de Pto. Viejo eran enormes y desoladas, bien tranquilo

Pasamos 3 noches y recorrimos las playas, incluyendo la playa negra, que (como verán) tenía arena completamente negra carbón. Con este lindo recuerdo dejamos el país, haciendo escala en San José (la capital) para salir temprano a Nicaragua. El lunes al mediodía llegamos a Granada, un pueblo bien colonial, y nos hospedamos en un hostal "casa de apoyo mutuo" que nos recomendaron los artesanos de la plaza (a la noche nos dimos cuenta que vivían todos allí). Aprovechamos que el cambio era barato y, el primer día, nos dimos el lujo de almorzar y cenar afuera (cervezas, aros de cebolla, hamburguesas de pollo...) Lo único era que hacía un calor que se caían los pájaros y Juli, después de 2 horas de caminata al mercado y la lavandería, terminó acostada patas para arriba en el piso de la cocina con la presión a esa altura.

A pedido de Lita, la Catedral de Granada vista desde La Calzada

Ahora mismo seguimos para San Juan del Sur a conocer el Pacífico de América Central.

Reportaron para Uds. Juli y Fede

Los queremos...


La foto de la semana
Viajar en Nicaragua es como ir a la escuela en el micro de Otto

martes, 22 de abril de 2008

Nos trasladamos a 'El Caribe'

Festejamos los 2 años de una manera muy especial, Salud!

Aca estamos otra vez, trataremos de resumir, en tres pequeños capítulos, los acontecimientos que, en un poco mas de una semana, nos llevaron desde Quito, Ecuador, a la Isla Colón, en Panamá.

Primera Parte: Un Cacho de Cultura en Quito



Después de visitar la Mitad del Mundo nos dedicamos a descansar viendo una peli en la cocina del hostal mientras cenábamos con unos ricos fernets. Cuando decidimos ir a dormir nos encontramos con un festejo de cumple especial: de 85 años, y no era para nada tranquilo, en ronda de amigos, whisky de por medio, tocando en la guitarra boleros y otras canciones románticas. Nosotros quisimos pasar desapercibidos (nuestra habitación lindaba con el festejo) pero, cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos cantando Caminito entre todos los alegres señores de respetable edad. La fiesta la dio por terminada el dueño del hostal que de manera amable nos mandó a todos a dormir, solo el payador puso un poco de resistencia y entonó dos o tres temas más (pero sin gritar).





Antes de dejar la capital rumbo a Mindo, ya era la gris mañana de domingo, decidimos visitar la obra de Oswaldo Guayasamin, reconocido artista ecuatoriano. Nos había recomendado la excursión Naty y no defraudó. Recorrimos la llamada "Capilla del Hombre" donde se exponen trabajos que denuncian las atrocidades que sufrió la humanidad propiciando la reflexión (http://www.guayasamin.com/). Particularmente nos toca como argentinos al retratar su opinión acerca de la dictadura, nos conmovió.







Esta obra la realizó en honor a Allende, Victor Jara y Neruda en repudio a Pinochet






Así nos fuimos de Quito, esa misma tarde, para visitar Mindo, pequeño poblado selvático poco explotado por el turismo donde se vive en contacto de miles de pájaros. Nos trataron muy bien (éramos los únicos huéspedes del hostal) pero no fue la gran cosa, lo mejor que hicimos fue alquilar un cuatriciclo (era barato) y aunque nos agarró toda la lluvia y terminamos empapados y embarrados, lo disfrutamos igual.






Como en Casa en el hostal de Mindo




Segunda Parte: GRANDE ENANO


El lunes salimos de Mindo a las 6 AM para dejar por fin Ecuador y partir hacia Colombia. Viajamos toda la tarde hasta la frontera y cruzamos a Ipiales ya cayendo el sol. Tuvimos la suerte de hacer la fila de migración con dos israelíes muy aparatos con quienes compartimos taxi.





Ellos nos ayudaron a regatear bastante el precio del micro a Cali (viaje de toda la noche) lo que no es poco ya que los precios en Colombia son una locura.





Foto tomada por los locos israelíes, ellos tienen una con nosotros también



Llegamos a Cali a las 7 y durante toda la mañana nos ganó el desconcierto: no teníamos mapa (para variar), la ciudad era enorme y los precios de los hoteles céntricos eran inaccesibles e inentendibles (todo en miles de miles). Por suerte, y gracias a Martio que nos avivó, Emi (el enano) había pasado por allí hace poco y obviamente, había dejado huella. Mail mediante nos pasó el número de Frank y al hacer contacto con el se solucionó absolutamente todo. Nos llevó a conocer el centro cultural que tiene con sus amigos, paseamos por la zona más cultural de la ciudad y conocimos gente de lo más amigable e interesante hasta el momento. También nos acompaño al hostal de un amigo que nos recibió con los brazos abiertos: un fenómeno!






Una vez establecidos empezamos a planear la excursión-rallie hasta Panamá, para ello acudimos a la ayuda incondicional de Sabri Blanco (que había hecho el mismo viaje hace poco) y, a través de mail y mensajes, hicimos las averiguaciones necesarias para que podamos llegar sin que nos devuelvan en la frontera (ya que al ser un país bien yankie son latino fóbicos). Pasamos tres noches en la ciudad (los colombianos son los más educados, atentos y amables de sudamérica y las calles de Cali no son menos seguras que las de Buenos Aires) más preocupados por tener todo que por recorrer. Tuvimos que ir a la Cruz Roja para que a Juli le den un certificado internacional de fiebre amarilla: literalmente nos vacunaron: 47.000 pesos (25 dólares creemos) y otra dósis de la misma vacuna (un claro ejemplo de lo que tenemos en nuestro país - la vacuna es gratis- y no podemos apreciar estando allá).





Tercera Parte: El Viaje Más Largo del Mundo







El punto negro de abajo es Medellín y Ciudad de Panamá está justo bajo la pata de la N









Lo contamos brevemente:

Sábado a la mañana: Micro de Cali a Medellín: 10 hs


Sábado a la noche (con 5 minutos de transbordo): Micro de Medellín a Turbo: 9 hs

Domingo a la mañana: lancha de Turbo a Capurganá: 3 horas (riñones arruinados por los golpes)


Primera escala: varados en Capurganá hasta el lunes sello de salida de por medio (ahí jugamos con fuego ya que esperamos para imprimir las reservas de salida de Panamá -requisito imprescindible para ingresar al país y que Sabri supo truchar- que solo logramos obtener gracias a la amabilidad del de migración que nos prestó la PC porque el único cyber del lugar no abría el domingo).


Lunes 7 horas: canoa con motor a Puerto Obaldía (frontera) : media de hora de tragar agua, pánico y lágrimas de Juli. Sello de entrada y no tuvimos que dar muchas explicaciones.

Lunes desde las 10 hasta las 15: varados en la frontera esperando la maldita avioneta que nos saque de ese poblado horrible.


Lunes 16 hs: llegada a Ciudad de Panamá en avioneta: 1 hora de pánico y lágrimas de Juli (en realidad solo el despegue y el aterrizaje la pusieron mal).

Lunes 18 hs: salida del aeropuerto luego de un insistente y repetitivo control de migración: no nos pidieron la vacuna, no nos pidieron la reserva de salida...


Por fin llegó la avioneta, nótese lo precario de la pista, entre el cerro y el mar



Fede se tuvo que afeitar para que no piensen que se iba a inmolar en el aeropuerto...




La Foto de la Semana




Juli muestra su gen de fotógrafa retratando a las estrellas de mar

sábado, 12 de abril de 2008

Parados en la Mitad del Mundo


Tirados entre los dos hemisferios, Juli más cerca del norte y Fede del sur





Después de una semana anclados en la costa, pasamos a vivir 7 días A Todo Motor. Dejamos atrás la casa de William en Guayaquil para encarar la sierra: primer destino, Cuenca.






Disfrutando la mañana de sol a orillas del río




En el hostal El Cuencano fuimos adoptados por Marta que nos trató como a dos más de sus hijos. Nos encontramos con una ciudad muy pintoresca (un mini Cusco según Luciana, a lo que adherimos) atravesada por un río y sorprendentemente limpia. Nos gustó tanto que lo único que hicimos en los 3 días que pasamos allí fue recorrer sus calles, descubriendo que solo por la mañana aparecía el sol (pasadas las 14 indefectiblemente se nublaba y llovía). La única actividad cultural que realizamos fue asistir a un festival de cine Revolucionario Latinoamericano (auspiciado por el PC ecuatoriano) más por el gustito de sentarnos en la sala una noche lluviosa (como tantas en Bs. As.) que por la calidad de las películas.








Créase o no esto era un mundo de gente y coches



La salida de Cuenca se pareció más a una huida que a una mudanza, sacamos pasajes a Baños (bien recomendados por Sabri Blanco y Lu Bonamino) y en menos de una hora conseguimos cambio en un banco, levantamos campamento del hostal y volvimos a la terminal para abordar el bus. Resultado: le ofrendamos 2 huevos y un guiso de la noche anterior a Marta que lo recibió con mucha alegría (no sabemos que opinó tras probarlo, no era de lo mejor...) y también nos olvidamos media coca cola en el freezer.




¿Qué decir del viaje a Baños? El peor hasta el momento por lo largo y denso, para no aburrir: duró casi 11 horas, de las cuales 1 la pasamos detenidos en una escala no programada (por nosotros) y otros 30 minutos que fede le tuvo que hacer upa a una chola (tampoco programado). Igualmente nos arreglamos para almorzar sanduches abordo ante la mirada de medio micro que iba parado cual colectivo de línea.






Hasta 30 escalones antes de llegar para Juli no valía la pena tanto esfuerzo, después no sé...


Pero llegamos a destino y nos encontramos, al otro día ya que esa noche nos quedamos en un hotel frente a la terminal, con un pueblito enclavado al pie de la montaña y atrás de un volcán activo que nadie ve porque lo tapan las nubes (algo que nos remite a nuestro paso por Yungay). En este lugar las actividades en contacto con la naturaleza abundan y, para no ser menos, le intentamos sacar el jugo: el primer día subida al mirador de la ciudad (Juli no lo disfrutó, recuerdos de la subida al Waina Picchu) y el segundo (agarrensé, Faisal no babees el teclado) travesía en bici a las cascadas, 15 km de pedaleadas más desvíos y vueltas por la ciudad. Pasamos por todas los caminos: ruta en bajada, en subida, túnel sin luz (con ruido de camión acercándose y pánico por salir al grito de "no pares de pedalear amor"), ripio y barro. De lo mejor hasta ahora aunque nos quedó dibujado el asiento...



También se alquilaban motos y cuatriciclos, nos gusta el vértigo del pedal


Por último, para cerrar una semana a puro viaje, nos vinimos a Quito, una especie de La Paz multiplicada por 50. Lo mejor de nuestra estadía aquí hasta el momento es la foto de nosotros sobre la línea del Ecuador (donde asistimos a los fenómenos físicos que se dan allí: el agua no gira sobre la línea, uno allí tiene menos fuerza y cuesta mantener el equilibrio, supuestamente podés parar un huevo en un clavo, nosotros fracasamos miserablemente). El resto fue opacado por nuestra desorientación (incrementada por seguir dudosos consejos) lo que nos llevó a tomar más de 6 buses (incluyendo el trole) para poder ir y volver de allí. Tampoco ayudó la tormenta que se desató en cuanto pusimos un pie en el centro histórico que nos hizo volver sin recorrerlo como hubiéramos querido.



El frágil puente era el único modo de acercarse a la cascada sin pagar


Y bueno eso es todo desde aquí, mañana (si nos subimos al colectivo correcto) partiremos hacia Mindo, saludos a todos!!

viernes, 4 de abril de 2008

Todo por 1 Dolar (El Regreso del uno a uno)

Por suerte sin las mochilotas, pero con mucho calor


Al fin llegamos a Montañita! Después de una breve recorrida por los otros pueblitos, que por lo general no son muy visitados, nos dimos cuenta porqué vienen todos derecho acá. Ni bien llegamos sentimos que se respiraba otro aire, había muy buena onda en la gente, reinaba la tranquilidad, sin autos, bocinas, las callecitas repletas de bares, artesanías, artistas callejeros, en fin: mucha hiponada.


Las playas sin duda fueron las más lindas hasta ahora: amplias, de aguas cálidas y transparentes y casi para nosotros solos en la semana.

Como dos tortolos mirando la montañita

El primer día caminando por la playa nos encontramos con el camping de Vito, entusiasmados por el precio ($1.50) y la ubicación privilegiada frente al mar, decidimos quedarnos. A los 10 minutos de llegar quisimos ir al baño y un hippie igual a Bob Marley con la mejor onda nos recomendó que hiciéramos nuestras necesidades en otro lugar...

Sabiendo que Lu Bonamino (amiga de Juli, ex mercedina) estaba acá, convertida en una lugareña más, fuimos en su búsqueda. La encontramos trabajando en el Bar Hola Ola, la esperamos a que saliera y tomamos unas cervecitas y comimos unas empanadas fritas juntos en la calle. Aconsejados por ella, que conoce a TODOS acá, dejamos lo de Vito (que en nada se parece al nono ni al conocido mafioso de la flia. Corleone) - este es un hippie viejo que vive atrincherado en la parte alta de su desmejorado camping-. Por la módica suma de $1 por cabeza accedimos a uno con cocina y baño (tampoco se piensen que era gran cosa), cuyo dueño, Pancho (nunca mejor puesto ese apodo) pasa sus días esperando el plato de comida que le sirve su mujer Mecha, mirando fítbol por TV (fede dice "quien pudiera" y Juli "que sociedad tan machista").

Para que la familia se quede tranquila, miren que sonriente se la ve

De ahí en adelante nos mimetizamos con el ritmo del lugar y nos cansamos de descansar. Un poco interrumpidos por dos gallos que cada media hora nos despertaban con sus cantos desafinados. Para colmo, a las 8, el sol y el calor nos sacaba carpiendo de la carpa. Por suerte nos adueñamos de un chiringuito (como el que trabajaba Teresa Mendoza, la protagonista del libro que estamos leyendo) donde pasamos las mañanas refugiados del sol, tomando mate, durmiendo o leyendo.
Fede en LA peluquería del pueblo, cortándose la barba por solo 0,80

Así se nos voló la semana, llenos de arena y sal, con ganas de cambiar de aire y paisajes. Por eso hoy partimos para la sierra. Haciendo escala en Guayaquil para despedirnos de William y su familia y recuperar las mochilotas para nada extrañadas. El próximo destino es Cuenca (no se entusiasmen que no vamos a acampar enfrente del shopping) esperando encontrar a Mari y al Negro que se supone están en Máncora.

Para que sepan adonde ya fuimos y lo que falta por recorrer (marcado por las monedas, hagan zoom!)

Como se habrán dado cuenta, hubo cambio de corresponsal luego de arduas negociaciones. A pedido del adorado público que aclamaba escuchar mi voz, acá estoy. Espero tener buenas críticas - igual no esperen mucho más de mí- por algo estudié Medicina y no Comunicación...
Les mandamos un abrazo enorme, los queremos mucho!!


Juli en el chiringuito escrbiendo lo que acaban de leer