Solamente con un numero de telefono de un colega y amigo de Roberto (papá de Juli) arribamos a la terminal de Guayaquil, sin mapas de la ciudad ni direcciones de hostales. Por suerte y para nuestra gran sorpresa, bastó con una llamada y un poco de caradurismo para que, en menos de una hora, se presente una pareja joven preguntando por la señorita "Julia Risseli". Después todo fue una vorágine de acontecimientos a los que solo atinábamos a responder con repetidos "gracias". En poco rato ya estábamos bañados, desayunados y en un micro rumbo a Salinas (una punta similar a Punta del Este no solamente por su geografía...). Allí nos recibió William con toda su familia (Cecilia y sus tres hijas: Karla, Camila y Aldana), que no dejaron que nos falte absolutamente nada y nos permitieron disfrutar de un gran fin de semana junto a ellos y su adorable y mordedora labrador de 2 meses, Mía.
El Malecón de Guayaquil
Juli, posadora oficial de faros, esta vez pudimos entrar
¿Fede todo bien con la carpa?, puff....
P0r último, no va a estar nunca de más, volvemos a expresar nuestro agradecimiento tanto a
William y su familia, como a a lucidez de Roberto que se animó a contactar a su viejo amigo y nos terminó dando una mano enorme como también nos permitió conocer a unas excelentes personas que ya incluimos en nuestra lista de amistades y con quienes tenemos la felíz obligación de ser sus anfitriones cuando visiten Buenos Aires.
Les mandamos un saludo y un abrazo grande a todos, hasta la próxima, todavía en Ecuador...
Almuerzo de paso en Puerto López, sanduches de atún (si, si, así se escribe aquí)
